jueves, 16 de mayo de 2013

Presidenta Laura Chinchilla no debe renunciar

Foto tomada del Facebook de Casa Presidencial
Sí ya sé, el bochorno es tal que la redención más satisfactoria sería la renuncia. Total, si dimitió el Papa ¿Cómo no va a irse un mandatario del tercer mundo?

Obviamente la escena es muy grave. Con total descaro y naturalidad se utilizó el principal cargo de nuestro país para pedir un vuelo en un jet particular para "un viaje de carácter Privado a Lima". La visita a Humala fue un error más, un fallido intento de barnizar de legalidad "el regalito" porque nuestra "Cancillería (...) nunca tuvo conocimiento" de esa reunión (El mandatario peruano también fue utilizado).

El tsunami es de aguas negras, cada vez que se aleja vuelve con más fuerza destapando una nueva podredumbre.

Ha sido evidenciada la naturalidad con que relaciones impropias se pueden armar desde las más altas esferas del poder, evidenciando una vez más que ella se rodeó de personas que no le respetan ni creen en su figura y gobierno. Eso sí, nada de "pobrecita", ella los escogió.

Hay quienes le piden la renuncia, pero en mi opinión no nos conviene. Como país somos de lo más rescatable de la región y eso nos ha permitido un buen ambiente en la comunidad internacional. Todos los gobernantes de la Segunda República han terminado su periodo, a nivel externo la estabilidad política genera buen ambiente para la inversión generadora de empleo que tanto necesitamos. Si ella se va no va a asumir más consecuencia que las morales, las económicas le quedarán al pueblo.

Para mi lo que resta es un trato: durante el tiempo que le queda -un 25% de su mandato-, debería dedicarse a no hacer nada, ni para bien ni para mal. Así nosotros podemos disfrutar del buen prestigio internacional de la continuidad del periodo sin los riesgos de que ella intente hacer algo... y otra vez le salga mal.

Seamos pacientes. Quedan doce meses, ya es menos que al principio.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Ojalá que Obama venga más seguido

Faltaban como diez minutos para las dos de la tarde  y el piloto del Air Force One metía el pedal de freno hasta el fondo, compresionaba en primera y jalaba con las dos manos el freno de mano... apenas alcanzó la pista.

Se abre la puerta y baja Obama generando un gran cocktail de emociones, mayormente satisfactorias, pero hay más.

A él le debemos un feriado de facto que se llevó en banda el jueves, y se agregó al miércoles 1° de mayo, es decir prácticamente otra Semana Santa con un día de feria, donde las calles estaban vacías, pero en vez de ir a la playa todos estábamos en el tele viendo al legendario personaje tocando suelo de este tuquito de tercer mundo.

Sí, ya sé, que ese viernes, justamente ese viernes, usted tenía que pasar exactamente por dónde estaba cerrado para algo muy importante. Pero así es la vida. Si no le dieron libre ha de ser que no lo aprecian mucho en su brete, tal vez sea hora de explorar nuevos rumbos, o vivir la aventura que disfrutamos principalmente en twitter, donde le dimos rienda suelta a las subjetividades.

El país se paralizó. Estuvimos en éxtasis. Algunos sentían drones volar por sus cabezas con merecido el misil que se han ganado como opositores contundentes al imperio. Otros lloraron porque de seguro Obama nunca había estado en un lugar tan lindo.

Por acá, atrás de este teclado, ni lo uno ni lo otro.

Yo, honestamente, lo considero un sujeto inspirador al que se le pudo ofrecer lo mejor que tenemos: un país sin ejército. Eso me hace sentir orgulloso. Que fuera recibido por el futuro de nuestra nación; un gran científico, colegiales y posteriormente escolares.

Pero el efecto se gastó rápido. Más o menos hasta el lunes en la noche cuando cesó la tregua y volvimos a caer en la realidad nacional. No sé, pero tal vez la pasaríamos mejor si Obama viniera más seguido.

martes, 23 de abril de 2013

La concesión que puso en jaque al gobierno


Ayer, a mitad de la tarde, las filtraciones reiteraban que doña Laura anunciaría en la noche el final de la concesión de la carretera a San Ramón. La expectativa fue tanta que este bloguero también sacrificó tiempo (por primera vez) para ver una producción made in Zapote.

La transmisión fue simpática. La señora presidenta muy elegante -como ya lo reconocen las publicaciones de moda internacional-, leía, sin emoción alguna, un largo y aplanado texto, que no le daba margen de maniobra para comunicar con su lenguaje corporal el contenido de aquel telepromter.

En medio de la abundancia de palabras, temas, conexiones, inconexiones, precisiones e imprecisiones, casi en un párrafo subliminal, el climax pasó desapercibido: como una línea cualquiera anunció el punto final de la concesión, por mutuo acuerdo. 

Esto merece ser celebrado, aunque ya sabemos que pronto vendrán las sorpresas de las cláusulas de ese "divorcio por mutuo acuerdo", porque no sabemos cómo se distribuirán los bienes.

Lo que debió ser un triunfo para doña Laura le llegó, nuevamente, tarde.

Para Zapote esto es otro clavo más en el sarcófago. Otra vez se les impuso la incapacidad especulativa, esa que permite establecer la probabilidad de los eventos, apostaron por la concesión durante semanas, la defendieron a capa y espada y al final desistieron cuando la imagen presidencial había asumido el daño. Se retractaron, pero otra vez la correcta decisión política llegó demasiado tarde.

Anoche hubo un terremoto y las réplicas las van a sentir en carne propia "los traidores", esos liberacionistas de renombre que por cálculo político -más que convicción-, dieron la espalda al proyecto estrella de este gobierno (el otro es la trocha). A ellos, posiblemente les espera una avalancha de trapos sucios.

Felicitaciones a quienes desde lo real y lo virtual lograron transmitir con creatividad y humor su protesta y oposición. Todos estamos de celebración y vigilantes, porque -para variar- dentro de este plural grupo ciudadano no faltan los que quieren aprovechar la coyuntura para catapultar su carrera política.

lunes, 25 de marzo de 2013

La cima de la montaña

Si algo daba miedo era enfrentar la noche en medio de esa montaña.

Era abusiva en tinieblas. No se podían ver las manos ni siquiera al colocarlas frente a los ojos. Todos decían que asustaban, que se sentía feo, como si algo esperara adelante, como si algo viniera detrás, como si algo viniera a agarrarte por la espalda; la única alternativa era correr y gritar.

Su estrategia era simple, si el sol empezaba a hundirse en el horizonte entonces no la cruzaba, prefería dar una gran vuelta en medio de otros parajes, aunque similares, no salían sustos. Se limitaba a enfrentarla de día... cuando parecía estar dormida.

Hasta que llegó el momento más indeseable. Aquel atardecer en que no tuvo elección; estaba obligado a cruzar.

Se quedó en la entrada, con la vista clavada en la lejana cima, donde apenas era la mitad del trayecto. No sabía qué hacer. Esperar sólo aumentaba lo peor: más frío, temor y oscuridad. Aguardó un rato como suplicando que alguien pasara para seguirle el rastro, ni muy cerca ni muy lejos, apenas para sentirse acompañado. Pero no pasó nadie. No quedó de otra.

Empieza a subir, mientras cruza las tinieblas estas se vuelven más densas y la montaña lo empieza a acorralar, le sudan las manos, la boca está seca, el corazón le palpita en el cuello, algo le va a pasar, mientras siente como los pies se empiezan a dormir, hay calores en su cara, algo le va a pasar, mientras la vista se le nubla, el pecho está oprimido, algo le va a pasar, la montaña está decidida, es el final, está siendo aplastado, todo va a terminar, entonces deja de luchar, le grita, la reta "¡quiero sentir más!", "¡quiero bañarme en sudor!", "¡que mi corazón suene más fuerte que nunca!", pero la montaña no responde, "¡vamos!" -le ordena-, pero no pasa a más.

La tensión se empieza diluir y todo se llena de de paz. Es libre. Las sombras que lo seguían y esperaban se desvanecieron. No necesita caminar más rápido. Va a su ritmo. Respira profundo y tranquilo. La fuerza de la oscuridad ha caído.

Ese día le perdió el miedo y la montaña se quedó sin nada para amedrentar. 

miércoles, 13 de marzo de 2013

El motociclista en la circunvalación

Otra manifestación en Casa Presidencial, no importa por qué.

La presa sobrepasa cruces y rotondas a varios kilómetros de distancia. Adelante se detiene un motociclista y empieza a dar voces contra el chofer del carro del carril contiguo. Mientras está casi metido por la ventana lo amenaza al mismo tiempo que se lleva la mano atrás de la chaqueta "aquí tengo el arma ¿Quiere que lo plome? ¿Quiere que lo plome?". El chofer del carro no dice más y el motocilista se marcha con otra la falsa victoria de las que cunden en este país plagado de amenazas.

Nosotros, quienes íbamos atrás, en medio de la línea paciente y padeciente de conductores, sin mayores chances, estábamos destinados a ser testigos de una eventual desgracia inversa. 

Lo que el chofer ignoraba es que el motociclista no tenía arma.

Era un violento sin municiones jugando a amedrentar por pura sugestión. Pero su verbo iracundo pudo ser letal si el chofer hubiera reaccionado con un arma ante la inminente agresión.

No hubiera llegado a su trabajo a rajar del susto que le metió al señor del carro, sería material para página de sucesos víctima de su propia violencia moral.

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