sábado, 18 de noviembre de 2006

¿Para qué sirven las cordales?


Hace poco menos de una año tenía pendiente la visita a la dentista que había advertido a su amigo blogger la necesidad de extraer tres muelas del juicio. El pasado viernes la valentía se apoderó de mi pecho y solicité a mi esposa que reservara el espacio... de todas formas la vez que me sacaron la primera cordal ni me dolió.

Llegó el sábado, la hora de la verdad, ¿Quien dijo miedo? -Doctora le agradecería me anestesie de inmediato ya que es lo único que me genera malestar de todo el proceso, además propongo que me saque las tres cordales para salir de esto de una vez- dije al mismo tiempo que puse mirada de matador.

La doctora me anestesió y yo apenas si hice "uggr" en algún pinchazo (al menos eso prefiero relatar). Inició la extracción ¡Ay Tatica Dios! ¡La primera muela estaba pegadititica! Para un lado, para el otro, con una mano, con las dos, sonaba como si se estuviera desbaratando algo. Confieso que la ansiedad me invadió, según yo ni se notaba pero la doctora me señaló que tenía mojada la frente. Qué pena sentí. Siguió dándole hasta que salió la aferrada muela. Ahí estaba la primer cordal que no quería separase de mí. Todo bien... según yo seguía la segunda pero había un paso que desconocía; la doctora pidió a su asistente la "lima de hueso" y procedió. Les juro que no fue nada tuanis porque traqueaba rarísimo. Supongo que fue en el hueso de la mandíbula (¿cuál más?) pero prefiero vivir con la duda... qué mala nota que los inventores de instrumentos odontológicos no bautizan sus creaciones con nombres más amistosos para el paciente.

Ahora sí, la segunda muela. Mi sentimiento de gratitud a esa cordal que se comportó resignada, no opuso resistencia y se soltó facilito - Ya he superado el 66% de la sufrida- me dije. No podía creer que apenas la atrapó 'el alicate' se dejó seducir.

¡Al fin llegamos a la última cordal! Pensé que se entregaría fácil, como su predecesora, pero no fue así. Va de nuevo. Para un lado, para el otro, estira, encoje, con una mano, con las dos hasta que cedió.

Fue una hora la que estuve en la clínica. Suena extremo pero cuando estaba con la boca abierta y viendo la luz de interrogatorio (la lámpara del dentista) pensé en las sustancias que generan la pérdida de contacto con la realidad y que serían de mucho alivio a quienes nos resistimos a la aguja, la tenaza y el taladro.

¡El sábado 18 de noviembre me despedí de las cordales! ¿Para qué sirven esas muelillas? ¡No sé ni me importa porque ya no es mi asunto!

A la salida pensé en qué necesaria es una campaña de desensibilización respecto a la figura del dentista y a los tratamientos que hace. He conversado con varias personas adultas que narran traumas de infancia en algún consultorio que les generan mucha resistencia, hasta la fecha, de darle el lugar que corresponde a la salud oral.

A propósito, he aquí el trauma de mi primera vez. Estando en la escuela mis padres me llevaron a la dentista del Seguro Social. Aquella joven recién graduada, junto a su asistente, arruinaron en grande mis visitas posteriores al dentista. No narro todo lo ocurrido porque me enviarían donaciones para ir a psicoterapia... ¿Qué pasó? Estando en la banca de espera vi a un adulto salir del consultorio llorando y con la boca llena de algodón, es mi turno, paso y me recibe una foto en la pared con la 'silla soñada' del dentista que incluía esposas para pacientes 'rebeldes' (tipo silla eléctrica) , ya acostado, cuando les dije que no permitiría que me inyectaran me taparon la nariz y la boca, entre las dos doñas, y dijeron que me ahogarían si no me dejaba anestesiar ¿Método de la Facultad? Ni idea... pero eso no se le hace a un niño... ni les cuento lo que pasó después en ese consultorio. Solo un detalle conexo: la asistente le contó a su sobrina, mi compañera en la escuela, detalles de mi visita y "poca valentía" en aquel consultorio ¡Imaginen cómo quedó mi estima personal en clase con lo divulgado por mi compañerita! Ese es el respeto del Estado a la intimidad y dignidad de la persona.

Gracias al Cielo ahora puedo elegir a qué dentista ir según criterios de confianza, empatía, trayectoria, honorarios y ubicación de la clínica. Uno de los profesionales que más me ha costado elegir es a mi dentista, ahora que la encontré, aunque cueste creerlo, me voy a hacer cliente frecuente.

Probablemente pocos tienen historias de consultorio tan desagradables como la mía pero no pocos adultos evitan ir al dentista por malas experiencias y prejuicios ¿Tienes trauma con el dentista? ¿Qué has hecho para superarlo y atender tu salud dental?

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