domingo, 21 de enero de 2007

¡Ni digas donde estudias porque nadie sabe lo que eres!

Llamó a una universidad privada ubicada al este de la ciudad, ahí le indicaron que enviara su anuncio al correo electrónico del rector. Cinco días después no recibió "la confirmación de lectura". Contactó otra U privada a la vuelta de la primera. Tuvo que hablar con todos los departamentos -¿Qué pasa, nunca han llamado para contratar a un graduado de aquí?- se decía en sus adentros. Le dieron una dirección de Gmail para que enviara su anuncio. Otra vez no fue circulado. Lo mismo ocurrió con la tercera U privada ubicada en San José.

Intentó contactar a las universidades públicas pero no fue posible. Las páginas web fueron diseñados en el principio natural del Estado: desestimular a quien pretende perturbar la tranquilidad del burócrata. Web sites de colores que en vez de "mapa del sitio" tienen un laberinto -¿Qué formación puede tener un muchacho con esa actitud soviética?- martillaba en su cabeza.

El anuncio en Internet sí dio resultado. 20 hojas de vida en su mesa. Casi "mita y mita" de públicas y privadas. Entrevistó a practicamente todos. Encontró dos graves defectos: los de las públicas mentían al decir que tenían grado bachiller y carecían de experiencia, los de las privadas sí tenían algunas experiencias pero pretendían un salario imposible para una empresa que inicia.

Darse por vencido. No. Piensa, piensa y algo encuentras. Contactó parauniversitarias y se presentó a pegar su cartel como pretendiendo que no extraviaran los correos electrónicos enviados. Lo trágico: no le dieron permiso -Tiene que ser analizado por el departamento de mercadeo- le respondieron -De seguro no quieren evidenciar que aquí cobran y no enseñan- especuló otra vez en sus adentros.

La desgracia es total. La educación tiene dos grandes defectos: quien enseña y quien aprende. Por un lado está quien cree que un título ya lo hizo todo y por el otro quien entrega títulos sin haber enseñado.

Ese día hubo otra reflexión, un recuerdo que fotografía a la sociedad. El hijo del rector de una universidad privada criticaba la capacidad profesional de un graduado del centro de estudios dirigido por su papá. El joven le recordó dónde se graduó y con qué notas (tratando de hacerle ver que el ataque era desleal a su ejemplar padre) y el heredero respondió: "el éxito académico no es éxito social." Eso fue contundente y un reflejo moral del lugar donde están hoy por hoy las cosas, algo así como deme su plata y yo le doy un cartoncito... de mantequilla*.

Qué esperar de universidades financiadas por impuestos y en cuyas aulas los docentes solo se dedican a hablar de movimientos sociales y derechos a la rebelión. Qué espera la familia del joven que lo envía a una casa de enseñanza privada donde únicamente lo visualizan como "otros $500 más en la taquilla del cuatrimestre". Hasta el muro de Pink Floyd se pervirtió en el trópico. Al final todo y todos pierden porque hasta quienes buscan un MBA para compensar deficiencias terminan "Más Brutos que Antes". Ya sabe: "si su hijo bruto nace la universidad X doctor lo hace".

VER II PARTE DEL POST

*Sin valor, decorativo.

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