sábado, 10 de febrero de 2007

Ante las carreteras inseguras



Artículo publicado en La Nación (10/02/2007).
Foto La Nación (14/02/2007).


El 13 de enero, en una vuelta “estratégica” entre Carrizal y Vara Blanca, estaban juntitos unos 5 oficiales de tránsito. Uno hizo la señal de autoridad y me detuve. Su interés: verificar que portaba marchamo, Riteve y licencia vigente. Llevo todo en orden, por lo que se quedaron con las ganas. Ese mismo día, una familia completa fue aplastada en la carretera Braulio Carrillo por un tráiler sobrecargado y conducido por un joven, en apariencia, infractor reincidente. Si solo un oficial hubiera coordinando el sector donde se presentó la presa, tal vez la historia sería otra.

En la ruta 32 –por la que transito al menos cuatro veces por mes–, es frecuente toparse tráileres en falso adelantamiento, otros a la desesperante velocidad de 25 km/h y los que pitan arrimando el cabezal de manera amenazante exigiendo campo. Si es de noche, con neblina y lloviendo, hay que esforzar la memoria porque los tramos demarcados ya se empiezan a despintar y la calle no se ve. Además, hay líneas que deben ser borradas porque quien las sigue se dirige al hueco del carril que se hundió. Si hace falta un muerto o una consultoría para pasar la brochita con pintura, mejor cierren el MOPT.

Salidas al revés. Supuestamente, multando al conductor sin cinturón y pintando corazoncitos amarillos donde murió alguien atropellado, cesaría la desgracia ¿Dio resultado? Obviamente no. Podrían hacer obligatorio el uso de airbag , peto, casco, lentes antirreflejo, pelo corto, radio apagado, etc., pero eso no supliría las aceras, pasos elevados, puentes peatonales, demarcaciones, “ojos de gato”, señales de alto, de ceda, calles sin huecos, semáforos con cronómetro visible y rótulos (para no llegar al destino por intuición y memoria) que ya hemos pagado varias veces y que nuestros gobernantes se niegan a hacer alegando “falta de recursos”. Pretender evitar accidentes a punta de multas es como querer arreglar calles mal hechas con recarpeteos.

Se pretende ignorar cómo la ola criminal que azota Costa Rica influye en el conductor. No pocos aceleran en amarillo para no quedar esperando en los semáforos de puntos donde asaltan. Además, la concentración en la carretera disminuye por estar usando los espejos para estar atento a posibles asaltantes, secuestradores y robacarros. ¿Se corregirá esto con multas? ¡No!

Sí hay soluciones reales. Por ejemplo, los buses y tráileres que sobreabundan en las calles pueden ser reducidos habilitando un ferrocarril eficiente. Actualmente el tren está subutilizado, se ve tercermundista y es peligroso. También, sin necesidad de una comisión especial, se puede hacer mucho con la “calle de la Amargura”. Un único oficial incorruptible garantiza el derecho de tránsito confeccionando los partes respectivos a quienes acostumbran parquear u obstruir la calle. Con constancia y honestidad, los embotellamientos y algunos problemas sociales de ese sitio pueden ser cosa del pasado ¿Podrá el Gobierno enfrentar a los grandes concesionarios de buses, magnates traileros y cantineros influyentes? La peor tacañería es la de la voluntad.

¿Qué es más peligroso? ¿Dos desconocidos en moto detrás del automóvil o un uniformado con poderes absolutos? Si los señores diputados, motivados por el populismo de sus cuatro años de gloria, deciden aumentar las multas, la alternativa del pueblo será llevar el estratégico tucancito en la guantera: entre pierde y pierde, quien se quiere elige perder menos.

Finalmente, recuerdo un día que un niño le preguntó a su papá por qué los otros conductores le encendían las luces y él les agradecía, el señor contestó: “Hijo, el pueblo solidario me está avisando de que adelante asaltan”.
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