Un hombre roba una bicicleta y su víctima lo atropella y mata. El padre del fallecido acepta que desde la escuela su hijo le daba serios problemas pero que no hería a nadie. Con lo que "encontraba" compraba drogas. Remata con “Me lo mataron; nadie merece morir de esa manera. Me lo estrellaron contra un poste, esto no es justo. No es de humanos tomar la Ley en nuestras propias manos”.Tal parece que para el señor había que esperar que su hijo matara para que -ahora sí- se hiciera algo. Que no hiriera -según él- el físico de las personas no le daba licencia para arrebatar lo ajeno. El joven no "encontraba" nada. Si al ir por la calle Pedro encuentra un billete y no vio a quién se le calló bien por Pedro. Pero no puede pretender que la bicicletas y carros estacionados también sean de él. Ese problema para diferenciar lo encontrado y lo ajeno parece no estar muy claro en esa casa. Dice el señor que no es de humanos tomar la ley en las manos pero tampoco puede dejar de lado que no es honesto tomar los bienes ajenos sin permiso.
El camino de este muchacho era de muerte. Causa y efecto. Por tomar lo ajeno la sociedad no le trató con la comprensión, cariño y esperanza propios de la casa. El principal enemigo del muchacho fue el mismo. Él no merecía generarse esa muerte pero la vida respeta las decisiones.