jueves 19 de julio de 2007

Costa Rica: cobro extrajudicial de deudas

Pasaron tres años desde que rubricaron la letra de cambio. De aquel amigo del alma que, sonrisa en rostro y cheque en mano, salió lleno de agradecimientos rumbo al banco no queda ni el rastro. Cuando el abogado lo llama él se esconde. Ni su pujante empresa, los cacareados patrocinios o la vida acomodada le recuerdan honrar los compromisos con quienes confiaron en él cuando estuvo en época de vacas flacas.

¿Qué hacer? Llevar el asunto a los Tribunales es caro, lento y de resultado impredecible. La alternativa: contratar un cobrador que logre soltar el "perro amarrado" (deuda). Gracias a Internet dan con un reconocido herediano cuyos épicos cobros son su carta de presentación.

Martes 10 de julio

12:00 MD.
En el contacto telefónico don Alvaro, el cobrador profesional, considera que puede atender el caso. El perfil del deudor se adecua a los que no aguantan mucho y pagan rápido. Se pacta la reunión para el día siguiente.

Miércoles 11 de julio

2:00 PM.
Llega solo, dejó a su asistente en el vehículo. Explica los alcances y limitaciones de sus servicios, honorarios, horario y comisión. Entrega factura timbrada por los gastos de representación -yo trabajo con Hacienda- agrega. Promete refrescar la memoria al amnésico.

4:00 PM. Primer toque. Entró a la empresa y encaró al deudor. Le mostró la letra de cambio. Inmediata superación del olvido y alegatos falsos de estar al día con los pagos -Vea, llame al hombre cuánto antes porque mañana a las 9:00 AM esto se va a complicar- dijo don Alvaro -¡No! No me haga un daño, de inmediato llamo a mi amigo para solucionar esto- dijo el pálido malapaga.

Jueves 12 de julio

9:00 AM
. Segundo toque. No hubo llamada el día anterior, tal vez creyó que no pasaría a más. Tiempo de acción. El edificio estuvo a punto de desplomarse de lado porque todo el personal estaba pegado a las ventanas del lado este. Nadie pudo evitar comentar el asunto... caras serias y risillas morbosas en medio de una mañana carente de rutina. Don Alvaro está en la acera. Tiene puesta su gabacha con la leyenda "peligro: perro amarrado". Los automovilistas bajan la velocidad para gritarle a no saben quién aunque conocen el por qué: "¡Pague! ¡Pague!", "¡Suelte el perro amarrado!" "¡Pagá carebarro!".

9:15 AM. El deudor suda. Le propone un trato a don Alvaro quien de inmediato le recuerda que el dinero se lo debe a otro y que lo mínimo que puede hacer es llamar por teléfono. El amarraperros lo piensa y decide no llamar como tratando de fatigar al cobrador.

9:30 AM. Aumentan las hostilidades. Don Alvaro infla un llamativo perro de plástico que hace temblar al edificio por las carcajadas del personal. Los socios del deudor hacen un airado reclamo porque ya son muchos los que están siendo afectados por un compromiso no honrado.

9:45 AM. Toma el teléfono para pedir perdón y paz. Acepta haber sido desconsiderado y lamenta haber forzado medidas tan drásticas para garantizar el pago. Ofrece enviar el dinero a cambio del retiro del cobrador.

9:46 AM. Se indicó telefónicamente a don Alvaro desinflar el perro y proceder en retirada.

12 de julio, en la tarde. Deuda saldada.

***

Don Alvaro es el que aparece a la izquierda en la foto (Diario Extra 24/ene/2007). Su método consiste en darle "color" al deudor y nunca en prácticas violentas. La historia de este post está basada en relatos de un cobro realizado en las fechas mencionadas.

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