jueves 9 de agosto de 2007

Guaro de contrabando (historia real)

1

-¡Diay don Carlos! ¿Qué me cuenta?
-Aquí don Javier ganándome los cinquitos…
¿Cómo va ese trabajo?
-Bueno… mucho operativo... poniendo orden...
-Sí. A cuantá los vi cuando salían de la finca de don Mino… llevaban los tarros y el guaro…
-De eso quería hablarle… don Carlos ¿Qué le parece si nos hacemos una saquita pa’ nosotros?
-Mmm… diay… pero eso es prohibido y después llega usted y me lleva preso…
-Usted sabe que aquí no hay decomiso sin mi autorización. Nadie se lleva nada sin mi permiso. No es para vender… hacemos una carnita y pasamos una bonita tarde familiar...
-Me preocupa…
-Don Carlos… mañana voy a hacer un decomiso, paso a dejar lo que saque y le ordeno a los subalternos que no se arrimen para evitar problemas…
2
En la madrugada llegó el carro del Resguardo a dejar estañones, galones, tapas de dulce, alambique, etc. Don Javier y don Carlos acordaron fecha y hora para disfrutar de una carne asada y el elixir de la 'ilegalidad'. A la mañana siguiente el finquero conminó a Diego (el yerno tapis) y a Rodrigo (peón estrella) a avocarse al buen desarrollo de la singular tarea.
3
Llegó el gran día. Diego empezó a catar el 50% de la producción con el auxilio del fino paladar de Rodrigo. Este último tomaba menos pero tenía una particularidad muy conocida: al embriagarse empalidecía, le salía espuma por la boca y perdía la consciencia… pero a más tardar dos horas después se reincorporaba para repetir el acto si aún quedaba licor. El día de la saca no fue la excepción.
4
Los perros empezaron a ladrar; venía don Javier con las tortillas, salchichón, carnet, etc. en la patrulla –Estamos a punto de iniciar la fiesta- dijo el carajillo que le abrió el portillo. La Autoridad se adentro en la finca, aparcó junto al laboratorio de licores y bajó violentamente:
-¿Qué le pasó a Rodrigo?- estaba visiblemente preocupado. Diego, con dicción etilizada, respondió –nada… él es así- pero La Ley restó autoridad a la experiencia del maestro licorero y temió lo peor: inminente muerte por intoxicación y un zafarrancho judicial. Les gritó que se apartaran, desenfundó y llenó de plomo los estañones -¡Apenas llevó cuatro galones!- exclamó Diego sumamente afectado.
El plomo llamó la atención de don Carlos que temió la llegada de los subalternos de don Javier. El caballo sufrió el chilillo… tenía que aclarar que él era el responsable y que todo se hizo por órdenes suyas. No permitiría otro arrestado que no fuera él. A su arribo estaban don Javier, Diego y Rodrigo tomando lo poquito que salvaron. Utilizaban la tapa de la patrulla como mesa-¿Qué pasó aquí?- preguntó -¡Diay… no ve que don Javier me despertó a balazos y por error pegó los estañones!- respondió Rodrigo –Siéntese don Carlos para que agarre algo- agregó el yerno en castellano afrancesado.
****


Nota: En Costa Rica el Estado también tiene el monopolio de la producción de guaro. Los nombres de los personajes fueron cambiados. Esta historia ocurrió en la finca de don Carlos a finales de los 60's. Solo Diego y el nieto de don Carlos (el carajillo) sobreviven. Agradezco a éste último la pizza y la historia.

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