jueves 23 de agosto de 2007

Novia adolorida (real)


Iba a ser la velada perfecta. Después de una gran búsqueda Vilma había encontrado en su misma oficina al príncipe azul e iba a presentárnoslo. Aparte de la expectativa estábamos muy contentos ya que el prospecto gozaba de buenas referencias: soltero, sin hijos, muy trabajador, estudioso, con espíritu de superación, entendido en urbanidad y buenas maneras. Ella creía haber encontrado un joven con el que podría mirar a futuro ya que, según el chavalo, por el orden con que manejaba su vida le había construido la casita a su adorada madre y también había terminado la propia.

Mary y yo propusimos una cervecería al este de San José (tan distinguida ocasión merecía excepción ya que yo siempre propongo pizza para todos los eventos). Desempolvé un saco y hasta me peiné porque no quería desentonar. Mi esposa -siempre bella- tal vez solo se maquilló un poco más. Vilma estaba vestida de entusiasmo y enamoramiento.

Estamos en el lugar y solo falta el romeo. En la puerta se asomó un joven y pensé, por su vestimenta, que la cervecería no tendría esa noche música romántica si no reguetón en vivo. Pero estaba equivocado. A Vilma se le iluminó el rostro y supimos que era el cotizado Luis y no quien convertiría a Wisin y Yandel en trío.

Se hicieron las presentaciones de rigor, procedimos a ordenar y todo iba bien. El conversaba de temas académicos y nosotros aprendíamos, además habló de sus proyectos y algunas utopías. Como a las 9:00 PM el galán me solicitó que lo llevara a la parada de la Coca-Cola. Yo, como compa solidario, le dije que no se preocupara porque lo iríamos a dejar hasta su casa. Algo pasó en ese instante. Él agradeció fingidamente porque se le apagó el rostro. A partir de ahí la noche se puso pesada: él reía cuando no era y sus chistes se volvieron tensos. Especulé que le había caído mal la comida y estaba en preludio diarreico o andaba limpio. En un toque que se levantó lo acompañé y le dije que estaba a la orden para lo que necesitara. Más explícito no podía ser: pretendí darle a entender que si ocupaba "harina" yo le hacía el préstamo. Pero el hombre no reaccionó.

Salimos de la cervecería rumbo a la casa de Luisito (no digo adonde pero está entre Grecia, Sarchí, Naranjo, Palmares y San Ramón). De camino el silencio del galán era sepulcral. Para ese momento mi sospecha era grave ¿Será casado? Ahí no podía ayudarle; si algo estaba mal tendría que saberse esa misma noche porque Mary y yo queremos lo mejor para nuestra amiga.

Al arribar a su cantón nos puso a dar vueltas. Derecha, izquierda, para adelante, para atrás... como queriendo hacer tiempo. Yo, el chofer designado, estaba tenso y fui enérgico -le agradezco que me indique la ruta porque es tarde- ya estaba serio -bajando a la izquierda- dijo el resignado Luis. Al doblar pensé que la compresión en primera y el freno no sostendrían el carro, era algo así como un precipicio asfaltado, los pequeños 1300 cc rugían y los cinturones nos sostenían para no irnos hacia adelante -¿Cuál es tu casa?- pregunté pero el hombre no indicaba. Llegamos al final del barranco y el hombre, en tono resignado, dijo -es allá.

Distinguidos lectores: Vilma estaba pálida, Mary no habló y yo valoré encaramarme las boticas de hule que acostumbro andar en la joroba. Pasamos a la casa. El techo se tocaba con la mano, las paredes eran de plywood alternada con plástico y el ventolero hacía cimbrar la casa completa como a 4 grados en la escala Richter. La mamá estaba muy seria y los hermanos simplemente no hablaron. La visita duró 6 largos minutos.

Hora de irnos. Subimos a la nave y parecía transbordador espacial (estábamos verticales). Si alguien hubiera soltado el celular se habría estrellado en el vidrio de atrás. Subí sudando. Mary dijo que las llantas delanteras se iban a despegar del pavimento y que rodaríamos. Fueron 400 metros con las revoluciones al máximo y el carro quedó caliente.

A la vuelta el silencio era más incómodo que antes. Vilma decidió romperlo -Nosotros tres somos de casas humildes y vivimos con lo necesario y no quiero que me malinterpreten (...) Luis vive en un tugurio y me mintió porque ni siquiera es de él; es de la mamá (...) ¿Qué más me habrá dicho que no es cierto? ¿Tendrá los estudios que dice que tiene? ¿Su vida familiar será cómo la pinta? Estoy muy apenada- Mary le respondió de inmediato -Vilma, tranquila, nosotros entendemos que no se trata de la casa, el problema es la pérdida de confianza por la mentira- y yo agregué -yo no vivo con ostentación, mis posibilidades son austeras, lo que paso es que prefiero decir las cosas como son- queríamos quitarle la culpabilidad a Vilma.

El ambiente se relajó y hasta pudimos reflexionar en que la mentira no se sostiene y que la verdad es la ruta de la oportunidad -Para lo trabajador que es Luis si me hubiera dicho la verdad no me habría importado y más bien habríamos unido esfuerzos para salir adelante-dijo Vilma. Sé que fue franca.

Justo antes de llegar a la casa de la adolorida novia sonó el celular -Vilma, quería saber cómo llegaron... es que... ehhh... es que.. había mucha neblina y estaba preocupado... y quería saber qué te pareció mi casa y que opinaron tus amigos de mi casa- preguntaba el nervioso Luis -Mis amigos están bien y la pasaron muy bien... nos hablamos el lunes en la oficina- respondió Vilma quien quería conversar frente a frente sobre lo ocurrido esa noche.

Ella lo llamó el sábado y el domingo pero él no contestó. No hubo lunes de oficina. Antes de la llegada de Vilma Luis renunció y al día siguiente medio cortó la relación por teléfono.


¿Conoces a algún "Luis"?

***

Nota: Este post fue escrito por solicitud de "Vilma", fiel lectoral de Ciencia Ficción, con dos peticiones que han sido satisfechas 1-Que ella aprobara el borrador y 2- que cambiara su nombre y el de Luis.

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