jueves 27 de diciembre de 2007

¡Qué liberen a los secuestrados en Colombia!



"No entiendo por qué les dicen "secuestrados" a quienes están en manos de los guerrilleros y "prisioneros" o "presos" o "maleantes" a los guerrilleros en cárceles del Estado colombiano. Solo en las denominaciones ya hay un sesgo informativo".
William Venegas


En la noche del 24 de diciembre estuve con mi esposa, concuño, sobrina, cuñados y suegros. Disfrutamos del amigo invisible. Vino. Carne asada. Fotos. Risas. Besos. Abrazos. Y las tradicionales bromas pesadas que mis cuñados y yo nos hacemos.

Para no sé cuántas familias colombianas mi Noche de Amor fue Noche de Dolor. Posiblemente llorando, pidiendo a Dios y tal vez tratando de celebrar la esperanza de un rencuentro. No sé. Para ellos mi Navidad en Sarapiquí es una fantasía de película.

¿Qué hicieron ellos para merecer eso? Nada. Un condenado al menos tuvo un juicio donde se demostró que infringió las leyes vigentes. Sabe el día que terminará su pena. Puede "hacer puntos" para salir antes. Es visitado por sus parientes porque saben donde está. Un secuestrado no tiene esas ventajas.

A mi me gusta la guerra pero solo en películas. Rambo, Comando, Rescatando al Soldado Ryan, El Último Samurai, etc. pretenden recrear violencia con la seguridad de que no habrá heridos. En la vida real no se puede decir "corte" y cada quien para su casa. Los secuestrados son maltratados (no sus dobles), están en la línea de fuego (y no son balas de salva), lloran porque no pueden ver a sus seres queridos (y no es actuación) y mueren (de verdad... no salen en la próxima película).

Ojalá que pronto podamos ir a una sala de cine y ver la película de Ingrid Betancourt, basada en su relato después de ser liberada. Tal vez eso pueda conscientizar sobre el terror de estar vivo con la constante amenaza de un asesinato que nunca es concretado (la agresión psicológica requiere de la preservación de la víctima), saber qué vivieron ella y sus compañeros y cómo intentan reconstruir sus vidas. Eso sí. Recordemos con un par de horas en una butaca no nos hace testigos presenciales, no nos cansa, no nos llena de lluvia, no produce picaduras de mosquitos ni nos aleja de los seres queridos (aunque el celular esté apagado).

En este fin de año le pido a Dios que TODOS los secuestrados en Colombia sean liberados para que haya paz en los corazones de las personas de buena voluntad.

***
Cita e imagen del comentario de don William Venegas tomada del blog de doña Julia Ardón.

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