miércoles, 16 de enero de 2008

Mi tarde en Zapote (real)

2:00 PM del miércoles 16 de enero del 2006

Salgo del Registro Nacional. Cruzo la calle. Pago las cinco tejitas del parqueo. Rumbo a la rotonda. Un conductor brinda una cortesía a dos señoras que hacían el alto. Intentan atravesar. Llevo la vía. Ellas me tienen en "punto ciego". Yo las tengo en "punto ciego". Fue muy rápido.


Estoy entero. No me duele nada. Enciendo las luces de parque. Bajo -señoras, yo estoy bien ¿Ustedes como están?- dije -estamos bien- responden -Gracias a Dios, por favor encienda sus luces de parque, voy a poner los conos y llamamos al tráfico- agregué -muchacho, no ponga los conos, sígame al taller, arreglémonos entre nosotros- me proponen -como usted prefiera- acepté.

Separamos los carros. El de ellas por mucho es más fino que el mío. Se les enfondó el costado "antitos" de la puerta. Mi lado derecho del bumper se solo se rasguñó y despintó (¡Jamás esperé que ese bumper fuera tan duro!). Fuimos al taller y el próximo lunes le pondrán pinturita.

A la media hora de integrarme al trabajo bajó la adrenalina. Empezó un dolor en la planta de los pies: pisé muy fuerte los pedales. Me duele el brazo derecho y los dedos: agarré muy duro el volante. Me duele el lado izquierdo del pecho: el cinturón me agarró bien.

¡Qué rápido ocurre todo! ¿Qué habría pasado si hubiera llevado cuatro pasajeros? ¿Si hubiera llevado el tanque lleno? ¿Si no hubiera frenado? ¿Si hubiera impactado exactamente la puerta del otro carro? ¿Si hubiera sido un vehículo con ancianos o niños ¿Si hubiera sido un señor en moto? ¿Si las hubiera intentado esquivar y le doy al muro? Si hubiera...

El hubiera no existe...

**Gracias Señor por prestarme la vida otro rato**

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