miércoles 21 de mayo de 2008

El novio salado (Real)

"Stiven Manuel" se chaineó para hacer la visita en casa de su novia. Como de costumbre, se fue bien bañadito, rasurado, buen desodorante Brut, buena colonia Lomani y un chocolatico pa' la güila.

La noche estaba bien bonita. A tono con un noviazgo que gatea... todo viento en popa. Él es un chavalo breteador,"tranza" la chamaca y siente que le cae bien a los suegros.

Aquella noche le dio varios besitos cuando los papás estaban en la cocina o la habitación, aprovechó para compartir un poco más de su visión de mundo y conocer más la de ella. Obviamente comentó los pormenores de su día laboral y "Suzeti" narraba los detalles de sus clases.

Tal vez haber almorzado a deshora, una congoja del brete, la Coca Cola de las 4:00 PM o el mordisquito de chocolate impactaron desfavorablemente el proceso digestivo de "Stiven". Al principio consideró que podría ser alguna flatulencia inoportuna, antiromántica pero controlable. Luego, al sentir la piel de gallina aunado a un burbujero que se desplazaba del ombligo para abajo reconoció que estaba en Defcon 1.

-¿Qué hago?- se preguntaba. La estrategia de retirada no era viable ya que el esfinter podría ceder. Para ese momento sudaba pero se excusaba en que la casa estaba muy caliente. Luego de un análisis objetivo decidió, en un acto heroico, dar el paso al frente, alzar la tea fulgurante y enfrentar al enemigo sin miedo.

Caminó hacia el sanitario. Calculó que al ser la evacuación intestinal de naturaleza líquida podría incursionar rápidamente al inodoro, bajarse el pantalón, relajarse y salir rápido... creando la ilusión de que aquello correspondió a momentos de micción.

El plan resultó casi perfecto... ya que al buscar el papel higiénico descubrió que no había. En ese momento su vida pasó frente a sus ojos. Valoró romper paradigmas "¿Quién dice que las medias son solo para los pies?" pero se replegó al considerar la evidencia resultante.

En medio de la confusión, luchando contra el tiempo, tomó una decisión catastrófica: decidió lavarse el trasero en el lavatorio.

Se quitó totalmente el pantalón y los zapatos. Abrió el grifo, apoyó sus pies en el sanitario para llegar al lavatorio. Cuando apenas se acomodaba en el chorro la pieza de incesa standard se desprendió de la pared.

El golpe fue contundente. Los papás y la muchacha tocaban la puerta preguntándole si estaba bien. Se incorporó a como pudo -¡Todo en orden!- gritó. Aquello parecía un hidrante roto. Se puso el calzoncillo y los pantalones, abrió la puerta, no respondió preguntas, jaló de la choza para nunca más volver.

***

Este blog recomienda el testimonio del Burro, un sobreviviente de este tipo de percance.

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