-Señora, por favor tenga cuidado con el carrito, me va a rayar el carro...
-Ni que fuera un beeme, o un jumer... ni que fuera un meche, como si me importara su carro, sias mío...
-Ni que fuera un beeme, o un jumer... ni que fuera un meche, como si me importara su carro, sias mío...
La señora, más ordinaria que un yogurt de yuca, seguía su monólogo mientras subía las bolsas a su vehículo, por cierto más barato que el mío y sumamente descuidado. Luego con exquisita maldad tiró el carrito (esta vez vacío) intentando un segundo impacto. De mi parte, desde que sentí su tono de voz, había decidido fingir que seguía leyendo la pizarra de anuncios aunque ella me la llegara a asolear. Todavía cuando jaló seguía hablando.
Pensé que mi propiedad es la cosecha de mi libertad, es el resultado de las elecciones de mi vida. Independientemente de si es mucho o poco, admirable o no, es mía, no ajena y por lo tanto solo yo dispongo de ella.
Reflexioné que si el razonamiento de la doña fuera universal sería más dañino la violencia doméstica contra mujeres bonitas respecto a las feas, golpear la cabeza de alguien educado respecto a la de un analfabeto y que estaría totalmente justificado lavar en el mar el carro de la señora.
Valoré no contarselo a mi esposa pero cuando llegó me encontró riendome porque "estas cosas solo me pasan a mi". Le narré el episodio -!Entonces si Usted le hubiera agarrado a patadas las compras habría sido legítimo porque no eran de Automercado!- respondió mi media naranja mientras estallamos en carcajadas.
Pensé que mi propiedad es la cosecha de mi libertad, es el resultado de las elecciones de mi vida. Independientemente de si es mucho o poco, admirable o no, es mía, no ajena y por lo tanto solo yo dispongo de ella.
Reflexioné que si el razonamiento de la doña fuera universal sería más dañino la violencia doméstica contra mujeres bonitas respecto a las feas, golpear la cabeza de alguien educado respecto a la de un analfabeto y que estaría totalmente justificado lavar en el mar el carro de la señora.
Valoré no contarselo a mi esposa pero cuando llegó me encontró riendome porque "estas cosas solo me pasan a mi". Le narré el episodio -!Entonces si Usted le hubiera agarrado a patadas las compras habría sido legítimo porque no eran de Automercado!- respondió mi media naranja mientras estallamos en carcajadas.
