miércoles 1 de octubre de 2008

Balsero cubano (Real)

Era de noche pero era su gran día. Llevó su improvisado bote al mar. Se lanzó en silencio sabiendo que no sufriría más a Fidel quien a pesar del rumor de su muerte empobrecía a aquel pueblo porque el sucesor no le permitía convertirse en recuerdo.

Se adentró en las aguas del estrecho. Luchó con las sombras exteriores e internas. Encogía sus piernas. No estaba seguro si era miedo, aletas o reflejos de la luna. Tenía que controlarse para pensar bien... atrás iba quedando la patria que fue de sus abuelos y que hoy había sido reducida a propiedad de dos personas "en nombre del pueblo".

Su patrimonio flotante, su primera propiedad tan modesta como clandestina, sería su pedestal o su tumba. Ahí se catapultaría a sus sueños personales o moriría como traidor para quienes le esclavizaron para satisfacer los "deseos de todos".

El mar estaba picado. Algunas nubes ocultaron la luna y empezó a llover. Las olas y el viento amenazaron con sepultarle junto con aquel bote.

Pasaron las horas. No supo cuántas. Cada minuto fue un reto. Su propiedad quería desmembrarse pero ofrendaría su vida si era necesario por aquel acto de libertad, porque era suyo y él lo había elegido. No era una asignación en una libreta mensual. No era una planificación de un burócrata desconocido. Preferiría la muerte física a seguir muriendo como enajenado en función de la lucha de clases. Cada agujero era tapado. Remendaba lo que podía. Parche sobre parche se aferraba a la vida.

Vio tierra. Como propietario de su corazón disfrutó el desborde de palpitaciones que le hacían sentir la nueva brisa. Como dueño de sus ojos disfrutó esas lágrimas. Como dueño de su garganta gritó al cielo cuando tocó con la planta de su pie aquellas arenas del vecino anhelado.

Llevó su balsa a la orilla. Era suya; no iba a dejarla hundirse en el olvido... ya no se sentía esclavo. Era él. Era su mente. Eran sus anhelos. Levantó manos al cielo. Bajo la mirada y besó el suelo. Un hombre armado emergió de las tinieblas...

-¡Yes! ¡Yes!
-¿Yes qué camarada?

-¡Yes!

-¿Qué le pasa, muchacho?

-¡Miami! ¡Yes! ¡Miami!

-Camarada, usted está en Varadero, queda arrestado, tiene que explicarnos de dónde salió esa balsa y qué estaba haciendo aquí en la playa.


Una fuente de Ciencia Ficción, que sobrevivió a Ike, escuchó esta historia narrada por un oficial de seguridad cubano en Varadero hace unos días. Gracias a ambos.

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