miércoles, 30 de julio de 2008

El desprecio

I

Toneladas de personas se alían tácitamente a "su clase" para discriminar a aquellos que les pueden endosar, en mayor magnitud, el cumplimiento de "requisitos" para "merecer más" los estigmas del prejuicio.

Todos leímos el polómetro (cholómetro / nacómetro). Aquel cuestionario redactado por personas de clase media que conocen bien la pobreza porque la vivieron pero, gracias a la educación, alcanzaron movilidad social. Por eso están al tanto de lo que sintonizan las personas sin televisión por cable, cómo es el mundo de los que no saben qué es messenger ni Google, qué sienten cuando ven -desde la carretera- despegar un avión en el Santamaría, cómo son las celebraciones familiares con arroz con pollo, los pormenores de viajes al "Puerto" y cómo pronuncian personas con poca escolaridad palabras nuevas y/o ajenas al castellano. En pocas palabras, el polómetro es un acto cultural que consiste en señalar, para efecto diferenciador, a aquellos con los que se "compartió el mismo nivel".

II

Y no queda ahí. Entre víctimas de discriminación también hay discriminación. Sudáfrica, país que sufrió el "Apartheid" (separación legal, espacial, económica, educativa, etc. entre blancos y negros) ahora discrimina a los refugiados de otras naciones africanas.

III


En el repertorio de recuerdos tengo varias expresiones que dejaron huella en la memoria:


"Realmente yo no soy tan negra. Por ejemplo, vean aquel muchacho que va allá (6 filas adelante en el autobús), él sí es negro porque el verdadero negro es morado".
Negra con la que conversé en el bus.


"Yo vivo en los Guido, en Desampa, pero en el lado que yo vivo sí es bonito, estoy lejos de la chusma, yo tengo una buena casa en cemento, buen techo, mis vecinos son gente de buen nivel, estoy lejos de la corrientada..."
Guideño con quien conversé la semana pasada



"Me caen mal esos nicas, son tan ignorantes... vienen a jugar de peligrosos, puéj, cuando allá solo tragan pinol..."
Paisita nacionalizado, hace varios años.

"Tenemos que unirnos para sacar a los piratas (...) Sí, yo fui pirata pero me dieron placa porque cumplo requisitos, es que esta gente que hay ahora no quieren ley ni orden, uno tiene que comer y ellos nada más quieren ganarse la harina sin tener ni la mitad de las cargas que uno tiene".
Taxista rojo, hace como 2 años.

IV

A menudo paso a una pulpería a comprarme refrescos y galletas matahambre. Hace pocos días me dice un amigo -Julio, no lo vas a creer, esos perros son racistas. Levanté la ceja derecha (duda). Vi la prueba y no lo creía.

Frente a aquel negocio se ubica la propiedad de un importantísimo y renombrado político tropical que tiene unos perritos guardianes muy finos (no puedo decir razas pero se ven finitos, bien alimentados y chineados). Cuando, en la acera, pasan cholitos, obreros, chiquitos de la escuelita pobre, empleadas domésticas y cualquier persona que tenga indicativos de pobreza; los perros quieren destrozar la malla, les ladran, los siguen, los hacen alejarse atemorizados. Pero cuando pasan los estudiantes de la universidad privada, chiquitos machitos, gente del gimnasio o alguien de traje los perros se muestran como una seda.

Quedamos en que yo tengo que pasar para ver cómo reaccionan. El clasímetro político canino dirá si luzco fino o limpiazo.

V

Hay quienes se comportan como animales. Citando a un estimadísimo profesor con el que llegué a trabajar y esperando que la cita no le pertenezca a otro, los dejo con la siguiente frase:

¡El desprecio es de lacayos!

sábado, 19 de julio de 2008

¡Qué asco en Subway!

Soy cliente muy frecuente de Subway, tal vez hasta de cuatro veces a la semana. Hoy no fue la excepción del hábito pero sí la aniquilación de la regla.

A eso de las 3:00 PM llegué por mi vegetariano al restaurante que queda cerca del ICE San Pedro. Obviamente éste sandwich no lleva carne pero el empleado le agregó de varias. Le recordé cuál era mi orden y que por ende esos ingredientes no iban. Sacó las carnes y pretendió seguir pero le solicité que me cambiara el pan porque no quería uno con sabor a carne. El muchacho accedió e intentó botar el pan pero falló y dio vueltas por el suelo. Tranquilamente y sin quitarse los guantes lo juntó y tiró al basurero. Yo pensé que se cambiaría los guantes ¡Pero no! Con los mismiticos alcanzó el nuevo pan, lo puso en la línea de producción, lo abrió y empezó a tocar la lechuga y el tomate. En ese momento se me quitó el hambre y le dije que me parecía desaseado lo que estaba haciendo ¿Saben qué hizo? Ni le fú ni le fá. Guardó silencio. Como si yo fuera un holograma. Esa ausencia de reacción me hizo sentir que para él yo estaba siendo muy delicado e intuí peores cosas que pasaban con los ingredientes cuando uno no los tiene a la vista.

Di media vuelta y cuando me alejaba, para rematar, escuché al joven contando que yo había rechazado la orden porque él había ensuciado los guantes... lo cuál fue seguido por un coro de risas. Mucho con demasiado. Me senté en la mesa donde estaba quien me acompañaba (y que había ordenado antes de que yo llegara). Le conté lo sucedido y me dijo -ahorita el encargado viene a preguntar qué te pasó porque las franquicias no pueden hacer semejantes cochinadas. Si me hubiera quedado esperando tal vez el guarda me hubiera echado a la hora de cerrar porque nadie preguntó nada.

No quiero hacer un drama pero sí comparto que me indignó la indiferencia y el menosprecio al consumidor. Según la compañía ellos quieren "brindar una experiencia excepcional, ofreciendo productos saludables de la más alta calidad, en un ambiente limpio, cómodo, agradable y servidos por un motivado equipo de trabajo que exceda las expectativas de nuestros clientes". (las negritas no son del original)

La Misión, Visión y Valores de la compañía quedaron muy lejos de lo visto y vivido ya que el manejo de alimentos y el trato al cliente no los esperaría ni en un improvisado chinamo de turno.

***

Misión, Visión y Valores en SubwayCostaRica.com

domingo, 13 de julio de 2008

Calor de amanecer

Su virilidad llega al máximo, su pecho, manos y labios hacen eco de la pasión del corazón. La posición acostumbrada para un amor rápido y clandestino le hace sentir una fuerza incontenible que, desde sus entrañas, acumula la pelvis.

Sus mirada se alterna; sigue las manos con las que acaricia esa piel prohibida, ajena y menospreciada de su amada. mira la luz del fluorescente, mira la madera de su improvisado nido y mira el improvisado lecho. Y mientras ve; escucha el erotismo de la garúa que baña la naturaleza, escucha los pajarillos que anuncian la mañana, escucha el techo crujir porque el sol quiere abrirse paso en el tejado, escucha el silencio. Y mientras ve y escucha... ¡Siente! ...el placer incontenible para su piel, la respiración se acelera y cada vez más se plasma en los poros de su cuerpo, emana pasión, siente su corazón incontenible, sus manos se agitan hasta que siente en un segundo congelarse el tiempo....

Se hace a un lado... relajado... quiere hablar.... le dice algo al oído, en tono muy bajo, es un secreto, tal vez es el compromiso para mañana, tal vez le ofrece algún cariño de pareja...

Busca su ropa interior, se la pone, sigue el pantalón, la camisa, no encuentra la faja, se ciñe las botas de hule, ajusta el banco, calcula el recipiente y con la manguera le lava las ubres. Para él por algo la vaquita da tan buena leche.

***
Post sugerido por Hedicho.

lunes, 7 de julio de 2008

Cenicienta

Érase una vez una joven común y corriente, huérfana, que había sido adoptada por una mujer que veía en ella una enfermera, la sirvienta, la mandadera, la que le hiciera la tarea a sus dos hijas y otras cosas que mejor no cuento. El nombre de la joven era Cenicienta.

Iba al colegio nocturno, aunque su madrastra no quería, pero tampoco podía impedirlo porque una vez en misa, un sacerdote que interactuaba con los feligreces, en medio sermón, preguntó cuál era el sueño por el que le pedía a Dios -¡Ir al colegio!- respondió Cenicienta.

Sus hermanastras eran todo un homenaje a la indisciplina, la esencia de la indecencia y la consecuencia de la inconsciencia. Repitieron una vez cada grado. También estaban en el último año, pero en el colegio diurno. Obviamente no tenían obligaciones domésticas, vivían jugando botella, se escapaban para un montazal con cualquier carajo, tenían computadora con Internet... y siempre quedaban mal con las tareas, salían fatal en los exámenes pero su mamá no se daba cuenta porque ni siquiera iba a la entrega de notas.

Un día el director del colegio anunció que una ONG vinculada a una pequeña universidad americana, ubicada al centro de aquella nación, haría entrevistas para otorgar becas para hacer carrera universitaria en el primer mundo. La oportunidad incluía seis meses intensivos de inglés.

Cenicienta concertó una entrevista, el viernes a las 6:30 PM, pero su astuta madrastra, al enterarse, fingió estar enferma para impedir que la muchacha acudiera. En su lugar envió a la menos bestia de sus hijas, con la instrucción de excusar a su hermanastra y solicitar que le entrevistaran en su lugar.

-¿Qué hago?- se dijo la joven común y corriente... cuando observó la luz que entraba por la ventana. Era el farol del ICE que de milagro funcionaba. El resplandor daba directamente en el botiquín. Se iluminó su mente.

-Madre, estás enferma y estoy preocupada, tomate esto- y le dio cuatro cucharadas de ardine en un vasito plástico pequeño. La madrastra se durmió en 10 minutos, Cenicienta se puso el uniforme y llegó al colegio corriendo, un minuto antes de la entrevista. Su hermanastra, para variar, ni siquiera estaba ahí... de seguro estaba en alguna cabina con un taxista que recién había conocido y le cuadraba.

Respondió las preguntas con soltura natural. Al terminar la entrevista preguntó la hora y se dio cuenta de que su madrastra despertaría en cualquier momento. Le pidió a un compañero que tenía moto que la llevara a la casa, de camino dejó el caite de rigor botado. No miró atrás porque detenerse a buscarlo podría significar que la pescaran.

Siguió asistiendo a clases normalmente, en sandalias porque no tenía más zapatos. Ganó el bachillerato y después de la graduación le dieron la noticia de la beca.

Se fue para Estados Unidos, con visa, sin coyotes de por medio, dejando atrás el lastre de sus hermanastras y madrastra. Allá se graduó. Se hizo gringa. Nunca volvió. Obtuvo un empleo bancario internacional. Luego montó su propia firma consultora. Conoció un magnate y se enamoraron. Ahora ella también gerencia las empresas del marido. Un día le preguntaron cómo lograba todo lo que se proponía y ella respondió -No miró hacia atrás, ni siguiera para recoger mi propio zapato.

jueves, 3 de julio de 2008

Lo mío (real)

Parqueo de Perimercados Vargas Araya, 9:00 PM, hace 25 minutos.

-Señora, por favor tenga cuidado con el carrito, me va a rayar el carro...

-Ni que fuera un beeme, o un jumer... ni que fuera un meche, como si me importara su carro, sias mío...

La señora, más ordinaria que un yogurt de yuca, seguía su monólogo mientras subía las bolsas a su vehículo, por cierto más barato que el mío y sumamente descuidado. Luego con exquisita maldad tiró el carrito (esta vez vacío) intentando un segundo impacto. De mi parte, desde que sentí su tono de voz, había decidido fingir que seguía leyendo la pizarra de anuncios aunque ella me la llegara a asolear. Todavía cuando jaló seguía hablando.

Pensé que mi propiedad es la cosecha de mi libertad, es el resultado de las elecciones de mi vida. Independientemente de si es mucho o poco, admirable o no, es mía, no ajena y por lo tanto solo yo dispongo de ella.

Reflexioné que si el razonamiento de la doña fuera universal sería más dañino la violencia doméstica contra mujeres bonitas respecto a las feas, golpear la cabeza de alguien educado respecto a la de un analfabeto y que estaría totalmente justificado lavar en el mar el carro de la señora.

Valoré no contarselo a mi esposa pero cuando llegó me encontró riendome porque "estas cosas solo me pasan a mi". Le narré el episodio -!Entonces si Usted le hubiera agarrado a patadas las compras habría sido legítimo porque no eran de Automercado!- respondió mi media naranja mientras estallamos en carcajadas.

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