viernes, 20 de febrero de 2009

¿Quién goza con la inseguridad en Costa Rica?

El pasado martes, al ser como las 8 de la noche, salí de mi casa rumbo a Tibás. Iba por la calle que pasa "por detrás" de la UCR; la ruta de la Periférica. Una patrulla de tránsito lentificaba el carril a menos de 20 km/h. Aunque es doble raya un chavalo se la jugó y adelantó. El oficial no hizo nada. Seguí detrás, al ritmo de tortuga, porque sentí mala vibra y supuse que el policía quería que adelantara para pulsearme dinero.

La patrulla se detuvo totalmente, con la rotativa encendida, al llegar a la rotonda de Betania. Una grúa de tránsito que venía de Sabanilla dio vuelta a la rotonda con luces y sirena y se adentró en la calle de la que yo salía. Algo estaba pasando. Mientras la patrulla continuaba detenida bloqueando la salida a la rotonda, yo era el segundo... atrás mío ya había más carros.

Arribó un oficial de tránsito en moto y algo habló con el de la patrulla estacionada. Se vino caminando muy despacio con la mano en el arma y en un momento me volvió a ver. Despacito me desabroché el cinturón porque tuve certeza de que la jauría brincarían de no sé dónde, me hablarían como si fueran mis dueños, me tirarían al suelo, me patearían, insultarían y luego me dirían: "don Julio, qué pena, lo confundimos con..." lo que sea.

Yo ya había entregado armas. No iba a poner resistencia. Bajé el vidrio y le dije al rambillo tropical -disculpe, necesito pasar ¿Puedo?- pero el mae estaba hipnotizado en su personaje, parecía la escena del espía que ingresó al centro de inteligencia del gobierno enemigo, siguió caminando, despacio, con la mano en el cuete, como si fuera el amo y señor de la noche... y no me respondió.

Respiré otra vez y seguro me volvieron mis asoleados colores... a medias. No me tocó a mi pero sabía que podía haber una balacera en cualquier momento y que el enajenado artillado sería declarado incompetente de sus acciones en un corrupto proceso judicial ulterior.

Intenté adelantar pero el oficial de la patrulla que bloqueaba bajó suavemente, como si quisiera verse sexy para alguna chamaca y atemorizante para todos los demás. Por medio de señas me dijo que no. Se dirigió lentamente a la rotonda y con una señal digna de un árbitro que termina la final del mundial detuvo el tránsito. Me apuntó con su dedo, hizo señas para que pasara... y yo aproveché.

Cuando ya pude recobrar el aliento, desentiezarme la nuca y relajar manos y pantorrillas recordé al muchacho de Granadilla que estuvo en riesgo de morir en manos de la brutalidad policial.

¿Qué es peor?
¿Asaltantes que roben tu propiedad o autoridades que roben tu libertad, dignidad, paz y vida?

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails

Sígueme