jueves, 16 de abril de 2009

El gobierno de Juanito Mora

Capítulo anterior: 1856: El cólera arrasa Costa Rica


Juanito Mora fue pariente del Jefe de Estado Juan Mora Fernández, hermano del expresidente Miguel Mora Porras, cuñado de José María Montealegre (quien le daría un golpe de Estado), hermano del general José Joaquín Mora Porras y cuñado del general salvadoreño José María Cañas. Casi se puede hablar de "La Casa de Mora".

Huérfano a los 21 años se convirtió en empresario cafetalero, comerciante, viajero y padre adoptivo de sus hermanos menores y sobrinos. Llegó al poder mediante un golpe de Estado que derrocó al mismísimo José María Castro Madriz en 1849. Como fue la costumbre después de la ruptura constitucional se ponía un "presidente provisional" que renunciaba en pocos días mientras la Asamblea Legislativa preparaba la declaratoria del nuevo presidente. En este caso el hombre transitorio por un periodo de dos meses fue su hermano.

En su tiempo esta finquita era diferente. El territorio incluía Bocas del Toro en Colombia (49 años antes de que Estados Unidos fundara Panamá), la población era de 100 mil habitantes, el analfabetismo masculino era del 88% mientras que el femenino del 99% y el país solo tenía unos 10 ó 12 médicos. En su periodo, al igual que en las décadas posteriores a la independencia, Costa Rica buscó pertenecer a una potencia, en este caso se valoró convertirnos en protectorado inglés.

Aunque nuestro actual país fue la provincia más atrasada y aislada durante la independencia, al punto que la producción solo alcanzaba para el mercado interno, en el gobierno de Mora tuvo un rápido despegue y disfrutó de la bonanza del mercado mundial del café. Don Juanito visualizaba una Costa Rica global, cosmopolita y abierta... a las potencias (nada de cholos). Su meta era hacer de nuestro país un lugar "civilizado" como Europa y Estados Unidos.

También en su decenio se afianzó la clase política dominante, heredera de la española que, con pocos cambios, son los ancestros de la mismitica clase política actual.

Aguevado de la oposición hizo lo que Gracias a Dios hoy no se puede hacer: en 1852, desde su finquita en Pavas, disolvió el parlamento y de esa forma conformó uno que le aprobaba lo que propusiera. Pavas sigue siendo Pavas...

Aquellos años marcaron el inicio de la idea de que los ilustres señores en puestos públicos sirven con sacrificio al país y deben ser honrosamente remunerados. Está de más explicar que todos los puestos estaban en manos de la familia político-cafetalera, que los fondos públicos venían de los monopolios estatales (creados en tiempos de la Corona) y en los cuales ellos también participaban como proveedores... en aquel tiempo no se usaban testaferros.

Las malas lenguas decían que Morita venía quebrado desde el bajonazo del café a mediados de los 40's. Cuentan que esto lo resolvió con: 1- Aumentos salariales que hoy día serían inaceptables: en el 49 ganaba 3000 pesos anuales y el 59 llegó a 15000 pesos anuales (salario más "gastos de representación"). 2-Demandó a su exsocio, el potentado Vicente Aguilar, por supuestamente haber hecho chanchullo con unas platas. Aguilar buscó un arreglo extrajudicial porque sabía que en los tribunales jamás le ganaría al presidente. El mismo Mora aceptó en el texto del arreglo que Aguilar no le había jugado sucio. 3-Apropiación de terrenos para siembra de café y venta de tierras que, dicen, no eran suyas.

Para convencer al pueblo para que pusiera a sus hijos en una guerra fuera de nuestras fronteras Mora tuvo una carta secreta: el obispo Anselmo Llorente Lafuente. El presidente había logrado que el Vaticano reconociera, en 1850, la independencia de Costa Rica y además gestionó la erección de la diócesis de San José. Era tiempo de retribuir. La iglesia hizo la labor de propaganda desde el púlpito promoviendo al presidente y la guerra. Las misas fueron utilizadas sistemáticamente para advertir de la inminente llegada filibustera por lo que el pueblo se puso a favor de invadir Nicaragua.

Después de ganar las batallas del 20 de marzo y 11 de abril el ejército volvió a suelo patrio por la aparición del cólera en las tropas. Aparte de los estragos de la enfermedad Mora tuvo que enfrentar un intento de golpe de Estado de Saturnino Tinoco y Francisco María Iglesias Llorente (familiares del famoso Tinoco aquí y aquí), ambos concesionarios de la producción de licores. Los dos terminaron desterrados según la costumbre de la época.

Después de la guerra de 1857 Mora llegó triunfante a San José y se convirtió en el hombre más estimado y querido del istmo por que fue el primero en enfrentar a Walker y dirigió la coalición militar centroamericana. Sus enemigos, en esos días, tuvieron que tragar cable...

La guerra fue para el pueblo lo que el grupo de Mora plasmó en sus comunicados. Los miembros del Estado Mayor salieron muy bien parado en los informes que ellos mismos redactaron: como héroes, vencedores, pacificadores, libertadores y dignos de seguir en el poder. La prensa de la época consistía en hojitas subsidiadas por el gobierno... que informaban las noticias de Mora. Los homenajes de la posguerra ratifican el mensaje que el morismo promueve. Guanacaste es bautizada como Moracia.

La relación de Mora y Llorente se vino en picada. El gobierno aprobó un impuesto para que la iglesia patrocinara el hospital San Juan de Dios y el clero reacción promoviendo un impuesto para que los cafetaleros patrocinaran la iglesia, Mora lo combatió. El traido termina con la expulsión del sacerdote que, para esos días era muy amigo de los enemigos del presidente y este temía una excomunión para malearlo ante los votantes y fregarle seis años más en la silla.

Mora intentó capitalizar el triunfo sobre Walker firmando un contrato en que otorgaba la exclusividad de navegación del San Juan a una empresa norteamericana. Insólitamente acordó que Nicaragua no daría más concesiones sin autorización de Costa Rica. El plan era invadir al vecino si no aceptaba el contrato leonino. Los inversionistas se agarraron, todo se fue por la borda, se firma otro contrato nuevo, amenazas de zafarrancho internacional y no pasó a más.

Como tropas costarricenses se quedaron vigilando en Nicaragua para prevenir otra invasión filibustera, poblados sureños nicaraguenses aprovecharon para plantear una anexión y seguir el ejemplo del Partido de Nicoya ya que estaban hartos de las guerras internas (aquí se volaban al presidente sin un solo balazo mientras que allá era una carnicería). El gobierno vecino reaccionó declarando la guerra y acusa a tiquicia de imperialismo. El asunto se arregló con el Tratado Cañas-Jeréz en el 58, Costa Rica se quedó con el limitado derecho y los vecinos con la propiedad del río. El tema está hoy en los tribunales internacionales.

Siguiente capítulo: El ejército de Costa Rica en tiempos de Juanito Mora

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