martes, 12 de mayo de 2009

Dilema turístico: Comehuevos, saqueo al pueblo o bancarrota

Ahora resulta que empresarios hoteleros pretenden que yo,, él, nosotros, vosotros y ellos enfrentemos sus deudas porque la crisis los está afectando, pero cuando hubo bonanza no se asomaron al banco público a librarse de deudas (obviamente es en la banca estatal porque la privada no va a ser tan irresponsable para prestarle a un hotel en un guindo, en la ruta de la lava o en el cauce del río) .

Quienes comentan en este blog saben que aquí no se promueve la economía de la miseria, mentalidad de envidia ni la arquitectura carazista (tugurios). Todo lo contrario aquí vamos con la aventura, la libertad económica e individual así como la innovación. No tengo inconveniente en que existan lujos que no puedo pagar ni siento que quien lucra con su ingenio me esté robando. Dichoso el que puede y ojalá me invite.

Aquí la cosa es otra. El sector turístico está mentalizado a un mercado de menos clientes pero con mayor capacidad de pago. Por eso se ha dado el taco de menospreciar a los cholos que alguna vez han intentado ser clientes. Ahora no pueden pagar pero tampoco quieren buscar alternativas. Aunque pueden adaptarse no quieren porque están esperanzados en que los contactos políticos les salvarán de la deuda.

Si yo no pago mi alquiler me echan. Si no pago mi teléfono lo cortan. Si no pago el cable no veo tv ni navego. Si no pago la gasolina no hay paseo ¿De qué material están hechos estos señores que hay que asistirlos como si fueran damnificados? Si algún artista de las que pululan cada cuatro años quiere donarles que lo haga pero que sea de su propia bolsa.

Mientras unos tienen las manos abiertas para receptar otros abren su mente para ofrecer. Solo un par de ejemplos: nuevas empresas ofrecen cómodos paquetes en el extranjero a esos clientes que los hoteleros no quisieron. Ahora muchos prefieren ir a otro país porque gastan menos, conocen más y son tratados con dignidad. También hay oportunidades nacionales como un recién abierto centro turístico con canchita para mejenguear, piscinas con aguas termales y otros atractivos que nunca está vacío porque cobra ¢2000 por entrada. El dueño gana más dinero que los hoteleros vecinos, gasta menos en la operación y no necesita personal bilingüe.

Si el clientelismo político del año electoral no les regala el credito a costillas del pueblo muchos empresarios tendrán que ingeniarselas para atraer la generación de comehuevos o cerrar puertas.

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