
"Aló, nos fué muy bien / Sí, sí, estamos contentísimas / Sí nos dijeron que si nos matriculamos ya en diciembre somos licenciadas / No, no... el mismo muchacho en recepción nos dijo 'aquí es muy fácil' / Imagínese, me estoy economizando más de un año, más de medio millón y no tengo que hacer tesis / Dice el muchacho que las tesis se hacen en grupos y que es una tesinita / Sí!! Estamos que no cabemos porque si le ponemos de fijo podemos colocarnos mejor porque vienen las elecciones / ¡Tenés que apuntarte! Nosotras estamos decididas... son solo como ¢100 mil mensuales..."
Esta llamada telefónica es real, ocurrió el pasado sábado 9 de mayo a las 2:00 PM en el boulevard de la Avenida Central. En vez de espía fui testigo porque la conversación era de júbilo, indiscreta y confiada. Las dos señoras conversaban por teléfono con quien inferí era una colega mientras sacaban documentos membretados de aquel garage. Las tres "maestras" encontraron el oasis con forma de imprenta que en pocos meses, a menos de un año de las elecciones y a un "precio justo" les aumentaría el salario mientras sus educandos encontrarán el peor de los espejismos.
Los maestros se quejan porque su profesión les retribuye económica y socialmente poco pero es un hecho que ese gremio tampoco tiene que sembrar grandes campos para participar en la cosecha de nombramientos.
A mi no me importa que un abogado se gradúe en 20 minutos porque esa farsa ni él se la cree. El desastre es cuando ese mozote ostente la túnica judicial y se convierta en un cáncer de hueso en el aparato estatal. Igual ocurre con cualquier otra profesión.
Para contrarrestar las pasiones de quienes tienen su universidad como religión, para nadie es un secreto que el cerebro de la muchachada se daña de llevar una cucharada de materia y cuatro de lucha de clases. No son pocos los actores del sector privado que han entrevistado jóvenes recién graduados que vuelven los ojos en blanco recitando letanías, versículos y sacramentos de los evangelios de la cortina de hierro y luego dicen "no sé" cuando se les pregunta de lo atinente a la entrevista.
Los maestros se quejan porque su profesión les retribuye económica y socialmente poco pero es un hecho que ese gremio tampoco tiene que sembrar grandes campos para participar en la cosecha de nombramientos.
A mi no me importa que un abogado se gradúe en 20 minutos porque esa farsa ni él se la cree. El desastre es cuando ese mozote ostente la túnica judicial y se convierta en un cáncer de hueso en el aparato estatal. Igual ocurre con cualquier otra profesión.
Para contrarrestar las pasiones de quienes tienen su universidad como religión, para nadie es un secreto que el cerebro de la muchachada se daña de llevar una cucharada de materia y cuatro de lucha de clases. No son pocos los actores del sector privado que han entrevistado jóvenes recién graduados que vuelven los ojos en blanco recitando letanías, versículos y sacramentos de los evangelios de la cortina de hierro y luego dicen "no sé" cuando se les pregunta de lo atinente a la entrevista.
¿Dónde se colocan los profesionales con título y mentalidad de la U.K.K?