viernes 6 de noviembre de 2009

La batería de los trolls en la política de Costa Rica

Durante este año el mundo virtual nacional ha visto tres grandes tendencias:

  1. Que la comunidad twitter crece semanalmente, que es el lugar donde primero se reportan los sucesos y se arman buenas fiestas.
  2. La muerte de Hi5 y el protagonismo de Facebook.
  3. El nacimiento de programas de "tv" online.

Ahora disfrutamos de más actividades reales de la gente 2.0, hemos sido testigos de la salida del anonimato de quienes usan seudónimo, ahora los medios tradicionales se involucran y monitorean los alternativos, más empresas desarrollan campañas virtuales y personas reconocidas se unen para compartir con quienes forman parte de este mundo.

Esto ha forjado nuevos lazos ya que las personas dejan de estar detrás del teclado para compartir quiénes son sin photoshop. El resultado ha sido el aumento de la credibilidad de quien se muestra como es. El valor de lo que se comparte es mayor cuando una persona es percibida como sincera y de buenas intenciones. Lo que se sube a la red es creíble o no según quién lo sostenga.

Los cambios que percibimos no han llegado -para variar- a la clase política. Todavía siguen usando tácticas añejas para la elección de febrero. Proliferan en las redes manadas de trolls, personajes espontáneos cuyos comentarios incendiarios pretenden destruir a un candidato o defender a su candidata (o), ignorando los nuevos tiempos y las necesidades del electorado que pretenden conquistar quienes eventualmente les patrocinan.

Sin confianza no hay presencia y en estos tiempos el troll ha pérdido credibilidad porque:

  1. No tiene nombre, apellido ni rostro. No va a fiestas, no comparte, no se puede mostrar.
  2. Sus "denuncias" carecen de sustento, son calumniosas y frecuentes.
  3. Aparece abundantemente durante la crisis política para luego "guardarse".
  4. Su meta es impedir la conversación y la crítica. Su objetivo es convertir en imposible el debate porque hace que se desborden las pasiones.
  5. Sus chistes no tienen humor, no hacen gracia.
  6. Ni siquiera para disimular hace una critica a su candidata (o).
  7. Cuando debate muestra agresividad, falta de educación y desinterés en los demás y en sí mismo.
  8. Las múltiples personalidades se parecen en tiempo y fondo.
  9. Al ser tan fácil abrir una cuenta en twitter se produjo sobrepoblación de trolls, lo que los puso en evidencia.
Sería más útil para los candidatos que las redes sociales nos permitan contactarlos en tiempo real, preguntarles, que respondan, que se den a conocer, que se pronuncien sobre hechos que impactan al país, que cuenten lo que les gusta y disgusta.

En pocas palabras que interactúen. Que las redes sociales permitan al ciudadano involucrarse dejando atrás la pasividad electoral, para sentirse parte del proceso y matricularse como promotor de la propuesta que considere más justa. Que sus bases se involucren, que formen parte de la misión más allá de simples pegabanderas o piqueteros, que se conozca lo que hacen y por qué lo hacen y muchas cosas más.

Aclaro que hay tres grupos de personas con las que no quisiera que se confunda esta reflexión:
  1. Quienes tuitean o bloguean de forma anónima por razones laborales (a escondidas en el trabajo) o de seguridad (realizan denuncias peligrosas y fundamentadas que les podrían exponer a represalia).
  2. Quienes participan en redes sociales con nombre y foto, y forman parte de la planilla estatal o de campaña de los partidos políticos.
  3. Conoche, quien postea y tuitea de una forma muy original que lo tiene en medio de la polémica tres veces por semana y Terox quien se reserva su identidad por razones desconocidas.
Finalmente, nadie puede decir cómo se hace una campaña por Internet, sobre todo en el tercer mundo, lo que sí es fácil es definir qué produce repulsión y por ende fracaso. Soy de los que va con "ninguno" y a como van las cosas otra vez formaré parte de los abstencionistas.

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