lunes 30 de noviembre de 2009

La Cueva de los ladrones

El micrófono en la mano derecha y la izquierda se mueve como si tuviera una espada, pero está vacía. Los ojos están quebrados, como si no pudiera contener las lágrimas o como si quisiera llorar pero no puede. La mirada aguda a la cámara y su tono de voz es sostenido... bajo... sereno... como si quisiera ingresar más allá de los sentidos de quien le escucha.

Su discurso está lleno de tragedias que atemorizan; pero sin mezquindad pide dólares con franqueza para que esos males no lleguen a su casa. Va más allá; quien esté enfrentado las situaciones descritas puede liberarse enviando dólares. Los teléfonos suenan y las impresoras se quedan sin tinta.

Mientras... un hombre con la frente marcada, con los brazos cortados entra dejando huellas rojas. Luce sano y robusto. No saben si sacarlo, ignorarlo o simplemente dejarlo. El hombre se acerca y con un repentino enojo grita y vuelca las impresoras, mientras busca a los telefonistas y les ordena marcharse, mientras tira los teléfonos y libretas, voltea las mesas y se va directo al set y arremete contra las luces, tira todas las cámaras -menos una- y patea los instrumentos musicales mientras arrebata el micrófono al conductor y con la mirada fija a la cámara dice "mi mensaje es el mensaje de la bendición y ustedes lo han convertido en la estrategia de los ladrones...."

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