lunes 7 de diciembre de 2009

"las grandes olimpíadas del pachuco"

(...) la plebeyización total de la cultura: los Festejos Populares, los de Zapote, sí, los más estrepitosos, malolientes, abigarrados y hacinadores del mundo. Un enorme burdel bañándolo todo en sus macabras luces rojas, las risotadas salaces, los gallos de chicharrón, los eructos, la acidez de la cerveza, y el bombardeo sónico ....
Jaques Sagot

No voy a salir diciendo que los toros "son nuestros", que la marimba "es nuestra" o que el juego de pólvora "es de todos". Tampoco voy a decir que los festejos son lo que no son. Voy a salirme por otro lado.

El señor Sagot (des) califica fuertemente los festejos de fin de año así como -si me equivoco me corrigen- a todo aquel grita encaramado en el toro, debajo del toro o desde la gradería. Obviamente toda fiesta tiene su combo de comidas que -pareciera- él asocia a lo poco fino, nada reflexivo, mozote o piso'e tierra. Está en todo su derecho de descalificar las fiestas populares con la certeza de que no será leído por ninguno de los que asisten a estas.

A lo que voy es que cada uno de nosotros ha tenido una formación diferente, una vivencia propia que le ha formado un mundo de conceptos. Obviamente esto está ligado a la educación, círculo y capacidad de pago.

Es más barato, lógico y accesible para nosotros tener un montador de toros en la familia que un pianista. Toros hay en todas partes y la academia de monta se articula en cualquier potrero, combinado con las labores diarias y sin mayor requisito que el deseo de sacarle una suerte al toro delante de la señora. Pero en las clases populares para ser pianista, un literato o un pintor hay que superar el peldaño imposible de conseguir los insumos y quien enseñe a usarlos al nivel que los que saben, viajan, entienden, escriben y son finos, pueden hacerlo.

Los doctorados de la vida merecen respeto, tan honorable es hablar francés en algún café de París cómo gritar "puerta", "socar el pretil", "hundir la espuela" y otras habilidades propias de quien se ha dedicado a otros espectáculos cuyo público no viste traje entero... en algún turno de pueblo.

Claro está y los que estamos donde estamos lo sabemos, al final la señora que cocina tamales, el señor que vende algodón, el torero improvisado o el montador, después de este fin de año, seguirán trabajando para mantenerse y financiar las becas, viajes y puestos que están reservados para los de la élite... que en el fondo también son puro tamal, chicharrón y agua dulce.

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