martes, 22 de diciembre de 2009

#tpcr Ley de Atracción


La conversación y buen ambiente de la #tpcr está fluido... buena señal, él quiere disfrutar el ritmo.

-Bailemos!- le dice en un derroche de decisión -no, es que... esa música no me gusta- responde ella un poquito menos decidida, él reacciona -Cuál música quiere? dígame qué baila y yo se lo pido al dj para que ponga la música que a usted le gusta.

Gira hacia mi -es que yo veo PonchoTV y estoy aplicando La Ley de Atracción y quiero bailar con ella- sentenció el galán... e inmediatamente prosiguió visualizando su objetivo, acorde a El Secreto.

sábado, 12 de diciembre de 2009

Nieve en el trópico!

Hace como 30 años en la avenida central. San Nicolás me alzó,
el ayudante tomó dos fotos y se las vendieron carísimas a mi papá

Siguiendo la línea de @Coghi...

Cuando era chiquillo y llegaba diciembre mis tatas, hermana (6 años menor) y yo íbamos al río a buscar una ramita bonita, la llevábamos a la casa, la envolvíamos con mucho cuidado en algodón, le poníamos las luces y así inaugurábamos la navidad. Este original árbol era -según yo- muy especial y recuerdo a los vecinos de mi edad que venían a admirarlo porque tenía muchas luces y colores. Una vez "a estadio lleno" lo apagué solo porque me dio la gana, quería pelear y que mis amiguillos me rogaran.

Para complecerme mis papás dejaban un tamal al pie del árbol el 24 de diciembre para Colacho. No recuerdo si era para motivación, propina o biombo. Una noche que me levanté a ver "si ya había pasado el trineo" y encontré a mi papá comiéndose el tamal. Mi indignación, reacción y desmadre fue tal que tuvieron que decirme la verdad. Me costó mucho tranquilizarme. Sentía que mi papá estaba saboteando la navidad y mi relación especial con "el hombre de los regalos".

Un obsequio especial fue el nintendo. Esas vacaciones fueron inolvidables. Llegué a pasar todas las pantallas de Mario, aprender de memoria los trucos y hacer competencias con los compas y mi hermana. Mis papás temían lo peor, mi hermana y yo tuvimos tal adicción a ese juego que cuando nos obligaban a apagarlo nos daba síndrome de abstinencia. Una vez me pillaron jugando en la madrugada!!!!

Ahora el arbolito de la casa de mis papás, de mi hermana y mío es de plástico!!

Que la sigan Conoche, H3dicho y Heidy!

lunes, 7 de diciembre de 2009

"las grandes olimpíadas del pachuco"

(...) la plebeyización total de la cultura: los Festejos Populares, los de Zapote, sí, los más estrepitosos, malolientes, abigarrados y hacinadores del mundo. Un enorme burdel bañándolo todo en sus macabras luces rojas, las risotadas salaces, los gallos de chicharrón, los eructos, la acidez de la cerveza, y el bombardeo sónico ....
Jaques Sagot

No voy a salir diciendo que los toros "son nuestros", que la marimba "es nuestra" o que el juego de pólvora "es de todos". Tampoco voy a decir que los festejos son lo que no son. Voy a salirme por otro lado.

El señor Sagot (des) califica fuertemente los festejos de fin de año así como -si me equivoco me corrigen- a todo aquel grita encaramado en el toro, debajo del toro o desde la gradería. Obviamente toda fiesta tiene su combo de comidas que -pareciera- él asocia a lo poco fino, nada reflexivo, mozote o piso'e tierra. Está en todo su derecho de descalificar las fiestas populares con la certeza de que no será leído por ninguno de los que asisten a estas.

A lo que voy es que cada uno de nosotros ha tenido una formación diferente, una vivencia propia que le ha formado un mundo de conceptos. Obviamente esto está ligado a la educación, círculo y capacidad de pago.

Es más barato, lógico y accesible para nosotros tener un montador de toros en la familia que un pianista. Toros hay en todas partes y la academia de monta se articula en cualquier potrero, combinado con las labores diarias y sin mayor requisito que el deseo de sacarle una suerte al toro delante de la señora. Pero en las clases populares para ser pianista, un literato o un pintor hay que superar el peldaño imposible de conseguir los insumos y quien enseñe a usarlos al nivel que los que saben, viajan, entienden, escriben y son finos, pueden hacerlo.

Los doctorados de la vida merecen respeto, tan honorable es hablar francés en algún café de París cómo gritar "puerta", "socar el pretil", "hundir la espuela" y otras habilidades propias de quien se ha dedicado a otros espectáculos cuyo público no viste traje entero... en algún turno de pueblo.

Claro está y los que estamos donde estamos lo sabemos, al final la señora que cocina tamales, el señor que vende algodón, el torero improvisado o el montador, después de este fin de año, seguirán trabajando para mantenerse y financiar las becas, viajes y puestos que están reservados para los de la élite... que en el fondo también son puro tamal, chicharrón y agua dulce.

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