martes, 6 de julio de 2010

Adolescentes violentos necesitan a 'alguien'

Adolecer es carecer de algo y, jugando con la palabra, el adolescente por lo tanto está incompleto... se podría suponer entonces que será completo cuando sea adulto (¿será así?). 

Cuando ocurre una desgracia de las que afectan a la opinión pública (hay desgracias desapercibidas) la reacción social se ciñe contra el transgresor que lógicamente será apartado por un tiempo, para insatisfacción de las masas que preferirían una mutilación o fusilamiento. Lamentablemente las tragedias siempre tienen la falsa virtud de ocurrir "en la vida de otros", "en la familia de otros" y "en la escuela o trabajo de otros", jamás en nuestro entorno.  

Es aquí donde simplemente decimos que la sociedad está "falta de dios", "de valores morales", "de solidaridad" y otras yerbas, dando por descontado que nosotros sí tenemos un prolífico caudal de esas cualidades que a "ese" u "otros" les hace falta. Prácticamente somos la esperanza moral de los demás. Obviamente la culpa se materializa en las autoridades, los padres, los jóvenes, el televisor, los maestros, el padre sátiro, el pastor codicioso, la incertidumbre del 2012 y la lista llega al infinito, alcanzando a todos menos a mi. 

Qué tal si todos fuéramos un solo cuerpo enfermo cuyo síntoma se manifiesta en algún miembro particular. Hasta dónde todos somos parte de la cultura de la muerte, con nuestras acciones y omisiones, que ignoran la dignidad del prójimo (y de nosotros mismos).

Podemos revisar bultos, bolsillos y hasta escanear lo que hay bajo la ropa pero no hay técnica ni tecnología para entrar en el ser interior. Lo que comunique con gestos y palabras tiene que ser percibido por  'un alguien' que contenga y oriente porque de lo contrario los anuncios temerarios, autoagresiones y otros patrones de alerta serán simplemente material esquineado en página de sucesos.

¿Aquí hay 'alguien'? Empecemos en nuestra casa. 

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