viernes, 9 de julio de 2010

Cinco colones

Mi moneda polémica
Antier fui a un restaurante de comida rápida, después de pagar entre el menudero vuelto me dieron una monedita de cinco cañas,  se cayó y rodó por el suelo. Valoré juntarla, pero sí lo hacía me ensuciaba -más- las manos y para lavarlas debía ir al baño y dejar sola la bandeja, lo cuál la vuelve vapuleable entre tanta inseguridad o aeropuerto de moscas, entre tanto desaseo. Ahí quedó para lo que correspondiera...

Luego, en la noche, fui a comprar unas pastillitas cuyo precio es ¢4495. Pagué con el tucancito y de vuelto solo una chapa de ¢500 y nada de las cinco cañas. No sé, tal vez la hora y mi deseo de llegar a casa me hizo aguantarme y jalé. Será en otra que mis pasiones como consumidor serán saciadas, por esa vez no.

Hoy en la mañana tuve otro percance de ¢5 colones. Se me cayó en la acera, en medio de un puño de tierra mojada y sabrá Dios qué más. No sé, sin buscar interpretaciones morales, metafóricas o espirituales decidí romper el ciclo: junté la monedita sucia y la puse en un lugar donde más tarde la limpié. 

Quién sabe, al rato de cinco en cinco la hago toda!!!

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