Fui a la universidad el siglo pasado, se me ocurrió repetir la experiencia hace dos años y esta vez ha sido mucho mejor. La tecnología facilita y mejora los resultados del aprendizaje.
Antes cuando no entendía una palabra había que buscar un diccionario impreso, caro y desactualizado, al punto que más de una vez preferí vivir con la duda. Ahora solo ingreso a la página de la Real Academia o algún sitio especializado y consulto, consulto y consulto... porque es fácil y amistoso.
Antes nos teníamos que reunir para un trabajo en grupo, una sola persona manejaba el texto o uníamos el aporte de cada cual. Ahora lo compartimos en google docs y todos le metemos mano, desde la casa, en las horas disponibles y conociendo el desarrollo íntegro del texto.
Antes teníamos que reunirnos para ver cómo le quedó el powerpoint a quien se comprometió a crearlo, ahora lo circulan por email, se hacen cambios y nadie tiene que salir de su casa.
Antes teníamos que hundirnos entre libros en bibliotecas para investigar, ahora muchas instituciones, particulares y el mismo Google promueven publicaciones online, permitiendo acceder a los documentos (miles y gratuitos), con textos modernos, algunos de este mismo quinquenio, permitiendo superar en accesibilidad, calidad y costos las bibliotecas físicas disponibles. Entre compas compartimos en carpetas virtuales, nos ayudamos y vamos interactuando con más información, mejorando nuestra experiencia.
Si se reducen los impuestos a la tecnología más personas podrán disfrutar los resultados. En pocos años las bibliotecas tradicionales se irán convirtiendo en museos, objetos de historia, en la forma antigua de buscar información, para bien de la humanidad y pesar de todo aquel que pretendía que el conocimiento fuera una experiencia élite de pocos participantes.
