miércoles, 14 de septiembre de 2011

Cuidacarros por la fuente de la Hispanidad

El relajo nunca es positivo

San Pedro, 6 de la tarde. Le dí 550 colones al guachimán -Sería un rojillo-  responde mientras quita del parabrisas varias tiritas de papel, tal vez cinco u ocho mientras agrega -Pasó el oficial de tránsito y tuvimos que poner las boletas-

No me gustó el toque, siempre que estaciono ahí le paso como cinco tejitas al guachi oficial, esté dos horas o 10 minutos, es un señor que me cae bien y siempre me tiene un campito, pero era otro chavalo.

-Cuando vine usted no estaba- señalé con cortesía pero dejando clara mi protesta, el mae contestó -usted llegó a las tres y el carro no se ha cuidado solo-. Ok. El Estado concesionó las calles a los cuidacarros y ellos también ejercen la autoridad, nada qué decir, le pedí que me permitiera el puño de boletas para hacer la suma y cancelar.

En ese momento las agarró, las contó, las hizo una pelota, las volvió a acomodar, pensó... y retiró la mayoría, solo me dio dos. 

Ya había oscurecido, no las podía ver bien ni entender pero me quedó claro que algo pasaba con las que se dejó. Siempre con amabilidad (no porque sea el ciudadano modelo sino para evitar un zafarrancho con un delincuente legitimado por el gobierno) señalé -señor, usted me quiso engañar con boletas que no son mías, eso es muy delicado, ese documento es público y usted está haciendo malabares, tenga cuidado porque podría meterse en un grave enredo-, aunque todos sabemos que podría hasta extorsionarme con tranquilidad, así funciona el trópico.

-Vea compa son cuatro tejas- remató el caballero en rebaja -yo le dí 550, por favor cuente las monedas- espeté -ah no compa, es que esto se lo tengo que dar a la municipalidad, por lo menos arrime dos tejitas para mi, el carro no se cuidó solo- repitió. Le arrimé lo que faltaba antes que llamara "refuerzos".

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