miércoles, 7 de septiembre de 2011

'Violentas' ambulantes

Esperando la luz verde para ir rumbo a La República. El vendedor ambulante  metió media jupa por la ventana así como todo su inventario de productos. De nada valía negarse, me salvó el semáforo.
Dos días después con ventanas cerradas, con un compa, presenciamos como le hacían el mismo toque a gente en otros carros.

Días después en otro semáforo un vendedor renegó porque no le compré chicles y en una presa un mae no me aceptaba que no le quería donar plata para una causa poco creíble, lucía demasiado drogadicto.


El último fue con un chavalo que arrancó en cólera porque nada de lo que vendía me servía, ni siquiera me aceptaba cuando le decía que no andaba plata "Ahí tiene que andar! Cómo va a salir de la casa sin plata!"

Fuera de nuestras fronteras, solo para citar un par de ejemplos, San Andrés y Cartagena (Colombia) son famosas por el hostigamiento de turistas por parte de los vendedores ambulantes, en sus playas -por increíble que parezca- de cada cuatro personas tres son vendedores y usted no puede estar tranquilo ni dentro del mar, ahí llegan con el agua al pecho a joderlo hasta que compre algo.

Volviendo acá se empieza a asomar la descomposición tropical. El que pide y el que vende ya no pide ni vende; exige. La venta se va transformado en una 'violenta' (venta violenta) que dará paso al delito como la extorsión, donde la persona tendrá que soltar para evitar que le dañen el carro con un clavo o una piedra, si no es que más.

Tristemente el paisaje se sigue destiñendo por personas que son víctimas y cómplices del engranaje de desgracias nacionales. Quienes soñamos con una ciudad segura, iluminada, artística, comercial, cultural y amistosa para el peatón no debemos despertarnos, mejor seguir durmiendo.

Y sí, ya sé, es un problema social difícil de controlar y no se puede hacer nada.

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails

Sígueme