-Duérmete niño, duérmete ya, si no viene el Coco y te comerá- decía la señora a su hijo de seis años, aquel pequeño geek que ya dominaba dos idiomas y tenía a Google por tutor y maestro rompió el ciclo de silencio para denunciar la torturante amenaza.
-Mi mama, así no se puede!- arremetió -Según su canción yo debo relajarme y dormir rápido para que el Coco no me haga nada- La madre dejó de pensar en lo que sea que estuviera pensando y refutó -es solo una canción- pero aquel chiquillo tenía mucho guardado.
-Es que así no se puede, estoy en riesgo que me destroce un bicho llamado el Coco, o sea, me va a arrancar los brazos y las piernas para comérselas y si no me muero por las heridas entonces se va a comer el resto cuando aun esté vivo?- dijo el chiquito levantando el tono de la indignación.
-Hijo es solo una canción- suavizó la fracasada cuentacuentos -No mamá, para nada, me está diciendo que me voy a morir si no me duermo rápido- contraargumentó el indepentista infante.
-Mi amor es solo una canción- trataba de tranquilizarlo pero era en vano -¿Cuál canción? eso es tonto por dos razones, primero ese bicho tiene tanta fuerza que me va a comer y yo no puedo hacer nada, luego aquí hay algo raro porque el único que está bajo peligro soy yo, papá y usted siguen despiertos y nada pasa pero lo que menos me gusta es que todo indica que ese bicho me va a matar y ustedes no van a hacer nada?- consignó aquel que ya no quería dormirse.
La señora soltó la risa -Ves mamá, los descubrí, ustedes le van a abrir la puerta para que me coma, de ahora en adelante prefiero venir a la cama solo y le pongo llave a la puerta, no puedo confiar, ustedes le están ayudando al Coco pero le aseguro que la batalla conmigo no será fácil. Yo tengo casco y espada, de ahora en adelante los tendré a la par de la almohada...-
