lunes, 24 de octubre de 2011

Muerte de Gadafi deshonra primavera árabe

Era esperable que Gadafi terminara muerto si combatía hasta el final, tal como había anunciado. Sin embargo cuando estuvo acorralado lo pensó mejor y se rindió; "no disparen" pidió a los rebeldes, sin embargo ese punto de viraje no le permitió esquivar la muerte y le garantizó el peor de los preludios. 

El molote, la golpiza, violación con un palo y ejecución en frío, del otrora magnate libio, deshonra la primavera árabe.

La llama del norte de África clamando libertades civiles, iniciada por un pequeño gran fuego en Túnez, podría estar culminando bajo la manguera de la renovación de la suela, para seguir siendo pisoteada en Libia, donde se perfila apenas un relevo de tirano.

Cada persona recoge lo sembrado, es ley universal. Los cuarenta años del reinado se fundamentaron en sangre, no obstante una revolución por la justicia merecía que los acusados fueran juzgados en un proceso penal, en Libia o la Corte Penal Internacional.

Lo ocurrido demuestra que podría no haber cambio. En este contexto ningún país puede extraditar a los prófugos de Libia porque ahí no encontrarán justicia, la llama de la libertad no se puede levantar sobre un panteón de venganzas y vergüenzas.

Aunque lo ocurrido sirva hoy de escarmiento preventivo a los gobernantes que se aferran allá, y a los tiranuelos de nuestro continente cuando revienten las protestas de mañana, quienes enfrentan al rifle y espada opresora deben censurar y prevenir que se aplique el mismo tratamiento a los males que quieren extirpar: sin respeto a los Derechos Humanos nunca habrá paz, progreso, desarrollo y libertad.

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