El toro lo revuelca, los otros improvisados tratan de distraer pero de nada le vale 'hacerse el muerto', el animal lo levanta, da vueltas en el aire, el redondel se llena de gritos femeninos mientras cae como si sus huesos hubieran sido triturados.
No está inconsciente, los compañeros lo felicitan mientras lo llevan en camilla, las cámaras lo siguen hasta que lo meten en la ventana de la Cruz Roja, en tele se oye "qué muchacho más valiente", "esperemos en Dios que no le pasara nada", "la solidaridad entre los muchachos del redondel es de hermanos".
En el barrio los vecinos se juntan en la casa de la familia mientras siguen pasando la repetición. Todos comentan: "yo lo reconocí desde el principio de la corrida", "es que él es improvisado profesional, este es el tercer año", "el año pasado lo entrevistaron". La mamá sonríe nerviosa por todas las palabras que le dicen, él siempre ha sido un gran muchacho, muy valiente y esforzado.
Viene el pase. Ya lo había ensayado mentalmente, inspirado en las entrevistas al final del partido. Todo sucio y raspado sonríe a la cámara -Muchas gracias por la oportunidad. Mi nombre es Crístofer Maiquel Pérez Gómez, gracias a Dios y a la Virgen estoy bien, quiero mandar un saludo a mi mamá, mi hermana y los sobrinos que me ven en Sagrada, estoy bien, todo sea por el espectáculo para el público, uno se esfuerza por dar lo mejor- dice con seguridad.
Apenas termina la entrevista llegan las llamadas de vecinos y parientes para preguntar cómo está. Con el celular en una mano saluda con la otra a la cámara cada vez que le dicen que está saliendo en tele. Tiene mucho qué celebrar ya que si se hubiera quebrado no le dan trabajo en la fábrica el otro año. Pero está tranquilo porque dice que en la próxima convocatoria sí pasará bachillerato y podrá conseguir un mejor trabajo, uno 'de oficina'.



