Él seguía sentando en su silla, no se movía, no pestañeaba, no había una sola reacción en su gesto. No parecía estar ahí, ignoraba las emociones que sembró y produjeron grandes plantaciones de amarguras.
Mientras, con pasar de los años, ella seguía en el mismo lugar, con la filosa hoja clavada en la espalda.
-!Sos un maldito! Hoy me las pagas todas ¡Tantas enfermedades que se desperdician en gente buena y usted está sano! Ojalá tu mamá te hubiera abortado!- decía en medio de gestos revueltos con sudor, secreción nasal y ríos que desbordaban las compuertas de sus ojos.
Pero no correspondía, como si no fuera con él. Sin embargo aquella noche fue diferente.
Ella preparó un brebaje cuya receta no pude comprender, era algo así como un fresco muy dulce mezclado con un fuerte agroquímico. La situación iba para más y así fue.
Ella preparó un brebaje cuya receta no pude comprender, era algo así como un fresco muy dulce mezclado con un fuerte agroquímico. La situación iba para más y así fue.
Se podía escuchar el sonido del corcor pasando por su garganta -¡sos una mierda!- le grita mientras camina hacia aquella vieja foto donde está sentado y la escupe amenazando nuevamente -como la semana pasada, antepasada, otros meses, inclusive en tiempos de otros calendarios -con que se va a vengar de una vez por todas.
Dicen que pronto le va a volar fuego, pero no se anima, algo tiene esa foto que rompe la barrera del pasado para incrustarse cada día en el presente.