La sentencia contra Baltasar Garzón representa un serio problema para la comprensión de la justicia por parte de nosotros, el pueblo.
Todos entendemos qué es robar, violar o matar y que eso no se hace, pero cuando una sentencia es por "cohecho", "concusión", "prevaricato" etc. la cosa se enreda y la nebulosa de términos genera un vacío que es llenado con información política.
Los señalamientos contra Garzón son profundamente graves, sin embargo una gran cantidad de admiradores los refutan sin atender su contenido o los consideran perdonables en agradecimiento por glorias o justicias pasadas.
Hice la tarea. Leí la sentencia, busqué información, encontré las normas citadas, pregunté a gente que entiende y me quedó muy claro que sí hubo prevaricato, muy descarado por cierto. Sin embargo la popularidad o populismo del jurista español es tal que muchos prefieren guardar silencio... hay miedo en el ambiente.
Garzón, más que abogado y juez es un operador político, lo cual es muy peligroso ya que los poderes judiciales deberían estar libres de estos actores porque en nombre de la justicia se puede hacer una oda a la injusticia/ilegalidad, construir campañas, arruinar vidas y partidos, así como impulsar a otros; lesionando a toda la sociedad.
¿Lo pegaron por razones políticas? Las motivación humana es variada pero si hubo una sacada de clavo al menos no lo hicieron levantándole un falso, él se puso a bocaejarro. Cuando la justicia condena no se trata de si la persona es caemal o no, la pregunta es si cometió o no el delito y si la fiscalía puede probarlo siguiendo las reglas del proceso.
Quienes laboran en el Poder Judicial de cualquier país deben ser ciudadanos intachables, ejemplo de la sociedad, dentro y fuera del trabajo porque la investidura moral que poseen trasciende lo profesional.
Ojalá que en las aulas de todas las universidades se comente esta sentencia y que algún aventurado se atreva a establecer, aunque sea literariamente, los paralelismos o correlaciones con la realidad nacional.