No fumo y me repugna el olor a cigarro. No solo de quien está fumando sino de quién fumó. Aunque la persona tire la colilla hay un aroma pestífero que le persigue.
En mi casa no se fuma, en mi nave tampoco y es conocido que en restaurantes solo me siento en área de no fumado.
Inclusive he pasado por la pena de decirle a compas "mae, qué feo huele esa vara". El que fuma es equivalente al que no usa desodorante o anda mal aliento, es decir socialmente prescindible.
Pero es falso que se le huya al humo por razones de salud. Si fuera así estaríamos abriendo la puerta más peligrosa que jamás se ha abierto, pronto tendríamos leyes anti comida chatarra, que penalicen las relaciones sexuales sin preservativo y prohibiendo bañarse en Jacó por el riesgo de ahogarse o contaminarse con la cochinada del Tárcoles, todo a nombre de la salud pública y el costo a las finanzas de la seguridad social.
Vuelvo al punto: la verdad es que el cigarro huele feo.
También es ironía que los mismos que quieren celebrar el día del diputado, importar basura, robar deuda política y aumentarse el sueldo a nuestro cargo hoy tengan un arrebato de cariño y piensen en nosotros. No se les puede creer porque no son creíbles. Ellos dan asco. Punto.
Además es digno del tercer mundo y su ficción que el mismo Estado que hoy vende guaro legisle contra el tabaco, como si hubiera choques, atropellos y muertos por efecto del cigarrillo.
Reitero, me repugna el humarascal tanto como los que tienen autoridad legal pero no moral.
