Tal como acordaron durante la llamada telefónica quedaron de verse en un restaurante en San José, de esos de comida rápida. La agenda de la reunión era simple: hubo una deslealtad que afectó el negocio.
Pidieron café de esos que debería ser gratis y quien citó fue directo al punto -soñé que insertabas una llave maya en mi computadora y robaste información, aunque no sé con qué fin- dijo en tono enfadado y agregó -vos estabas tenso, lo hiciste con sigilo para no dejar rastros, pero recordá, era mi sueño y como narrador omnisciente, simplemente te vi-.
El encarado guardó silencio mientras invocaba en su conciencia moral el viejo principio de quien calla otorga. Se sentía desnudo -pero, de verdad ¿a usted le consta qué información me llevé?- preguntó tratando de desvirtuar la tesis con que su señalador le acusaba.
-Mae, disculpa, yo te vi-.
-No estuve ahí, fue su sueño!- sacudió el cuestionado -dejemos esto atrás-.
Se dieron la mano, quedó atrás porque fue eso... un sueño.
Se dieron la mano, quedó atrás porque fue eso... un sueño.