martes, 12 de junio de 2012

El insecto más feliz del mundo

Ayer fue uno de esos días en que se almuerza tarde. Llegué al food court a las 5 buscando comida sanita ya que al menos entre semana hay que maltratarse menos el sistema digestivo.

Como cliente frecuente de los sándwiches (no sé si se escribe así pero me lo sugirió el corrector de palabras!), tengo dos opciones: que me lo hagan a la vista y me cobren más barato o que lo preparen sin mi presencia, de gallo tapado y me cobren más. Elegí la opción uno.

Visualicé con todos mis sentidos el vegetariano grande, su calorcito, sabor, frescura, la sal-pimienta y el aceite vinagre (no me gusta la vinagreta de vino tinto). Un "almuerzo-cena" saludable para ir a la cama tempranito, aprovechando la noche de lluvia y frío, sin el acecho de pesadillas producto de la digestión.

Esperaba turno porque le estaban armando el sándwich a otro mae, en eso vi una mosca sobrevolando el mostrador y en cada incursión se aproximaba discretamente a los ingredientes. La desfachatez del insecto era plena, como si fuera un drone, se creía parte imperceptible del ambiente. No le perdí ojo.

De repente, desafiando las reglas de la aeronáutica -como suelen hacer las moscas- aterrizó en el borde del recipiente de lechuga y, de forma cínica y con plena confianza, se lanza de clavado contra las verdes geometrías, nada en la lechuga, juega con ellas, se consume y sale a tomar la bocanada de aire y repite la inmersión, ríe y canta... ella es la mosca más feliz de San Pedro.

Considerando que la lechuga es elemento sine qua non del vegetariano, decidí respetar a la mosca vencedora, quien se apropió del vegetal un minuto antes que yo. 

Elegí perder los puntos de la compra y me fui para Quizno's.

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