Es posible que todos los países del mundo tengan secretos de Estado, en el caso del nuestro estos funcionan legalmente como las dos caras de una moneda, por un lado la máxima protección a esa información (artículo 30 de la Constitución Política) y en el otro el castigo que le espera a quien la averigüe (espionaje) o publique (revelación de secretos), numerales 288 y 286 del Código Penal respectivamente.
¿Qué es un secreto de Estado? En palabras de este bloguero es información relacionada a negocios hechos con recursos públicos que los políticos deciden ocultar a los ciudadanos y en lenguaje de a Sala Constitucional "el secreto de Estado sólo refiere a asuntos de seguridad, de defensa o relaciones exteriores de la Nación" S.C.V 880-90 (Hernández, 2008).
¿Qué es un secreto de Estado? En palabras de este bloguero es información relacionada a negocios hechos con recursos públicos que los políticos deciden ocultar a los ciudadanos y en lenguaje de a Sala Constitucional "el secreto de Estado sólo refiere a asuntos de seguridad, de defensa o relaciones exteriores de la Nación" S.C.V 880-90 (Hernández, 2008).
A diferencia de otros países aquí no tenemos encarcelados por esos delitos. Por ejemplo en Estados Unidos hay un grupo de cubanos conocido como Los Cinco (creo que uno está en libertad condicional), en Cuba el estadounidense Alan Gross cumple condena por "actos contra la independencia o la integridad del Estado” y en estos días Nicaragua sentenció a 16 años de cárcel a un colombiano por “los delitos de intrusión y revelación de secretos de Estado”.
A nivel nacional la experiencia más reciente fue cuando la cancillería solicitó apoyo a los jefes de fracción, sobre el asunto Calero, en una reunión calificada como “secreto de Estado” por ser una “cuestión de seguridad nacional” .
Internacionalmente el zafarrancho de espionaje y publicación más espectacular jamás visto lo desató el activista Julian Assange y su proyecto Wikileaks, cuyas revelaciones podrían hacer que su director -de prosperar la solicitud de extradición estadounidense- no vea más la luz del sol o lo envíen a abrazar la luz al otro lado del túnel. Actualmente está en Londres, refugiado en la embajada de Ecuador (país donde también hay secreto de Estado).
En el 2010 La Nación calificó a Wikileaks como “capaz de inyectar un elemento anárquico en las relaciones internacionales” y defendió los secretos de política exterior al manifestar como “prácticamente imposible que las labores fundamentales de la diplomacia se lleven a cabo sin un adecuado ámbito de privacidad”.
Pero el entorno ha cambiado y nuestra sociedad está dando un viraje ideológico hacia la reconfiguración del Estado vigente desde siglos atrás.
Actualmente hay voces que defiende el secreto de Estado pero establecido por ley, para que el gobierno no pierda la herramienta jurídica pero al mismo tiempo esté restringida. La iniciativa es de buena fe pero se estrella contra la lógica elemental ¿Dónde queda el secreto si los 57 diputados son los que tienen que discutir y aprobar la ley? ¿Esa ley no sería pública? Una ley secreta es una tropicalada.
La otra opción es que se defina entre presidentes de Supremos Poderes lo cual está complicado porque el Congreso necesita ciertas mayorías para legislar, no el voto de un solo diputado, además si se comete un delito ¿Cómo lo va a procesar el Poder Judicial si su jerarca lo avaló?
Es imposible sacar el secreto de Estado del Poder Ejecutivo pero es justamente eso lo que ha desatado la desconfianza nacional, por lo que nuestro camino es eliminarlo de la legislación vigente.
La historia nos demuestra que los secretos políticos del Estado se amparan en leyes que les permite postergar la revelación de crímenes, inversiones militares, contrataciones administrativas y otras penas.
Aquí no pasa eso pero compartimos con esas naciones el germen de la desgracia al contener en nuestro ordenamiento jurídico normas con el mismo espíritu que tutelan la existencia de esta información clasificada y penalizan su divulgación.
Si los costarricenses optamos por la transparencia total podríamos hablar de otra abolición histórica de impacto global, equivalente a la del ejército.
Ser el primer país del mundo libre de secretos de Estado abrirá naturalmente nuestros brazos a todos esos perseguidos, los protagonistas del renacimiento de unas relaciones diplomáticas cristalinas, sin secretos. Aquí tendrán la seguridad jurídica que no serán extraditados a las naciones donde les persiguen. La oficina mundial de Wikileaks estaría en San José para orgullo de quienes creemos que la transparencia produce paz.
Dicen que es de muy mal gusto citarse a sí mismo y es cierto... pero hoy me doy mayor licencia de ser caemal porque jamás pensé que escucharía tantas voces exigiendo la eliminación de los privilegios legales del poder, muestra de nuestra desconfianza en los políticos, algo que empodera profundamente al individuo, por eso reitero una frase que posteé hace más de un año... soy de la idea que ningún Estado debe tener secretos por una sencilla razón: los secretos pertenecen a las personas.
