"Muchas gracias señor Presidente:
Compañeras y compañeros diputados...
Según el fluido verbo de estos dos representantes parlamentarios, muy señores ambos, yo no iré al cielo por mi forma de vida. No me he muerto pero ya me redactaron la sentencia. Sí, no les basta el fuero constitucional para decir qué es ley y qué no, sino que ahora son jueces y no de este mundo, si no del Tribunal Eterno donde se celebrará el proceso cuando no estemos en este mundo.
Que conste en actas, así como en este país hay delitos derogados tacitamente y hoy no producen la pena establecida a quien los cometa, como corresponde, también se está tratando de implementar nuestras leyes utilizando como fuente sectores de la Santa Biblia que afectan a unos, y la están invisibilizando en beneficio de otros.
No soy quien para juzgar a nadie, la Biblia así lo enseña. Debo manifestar con todo el respeto y elegancia que mi buen amigo el señor diputado se merece, que usted es divorciado y vuelto a casar. Lo cual para mi no es malo, es un asunto suyo, privado, que no compete a nadie más, un tema muy propio de su familia. Solo quiero resaltar que la libertad con que usted ha entrado y salido del matrimonio es posible gracias a la legislación laica y liberal que permitió en nuestro país terminar el vínculo matrimonial, otrora de por vida.
Pero con grandes y creativas maniobras hermenéuticas -¿así se dice? ah!- usted ha logrado no ser adultero ante sus fieles pero ambos sabemos que el texto sagrado es contundente y tendrá que desplegar su verbo cuando pase al más allá, para que el Tribunal Eterno dé validez al tecnicismo que diligentemente encontró en la norma bíblica y, por lo menos, que lo absuelvan por dudas.
Señor diputado, sigo con usted. Debo pasar por la profunda pena -créame, más doloroso para mi que para usted- de recordarle que la Biblia dice que no hay que robar. No dice que se puede robar poquito, en abonos o a ratos... dice 'no robarás'.
Cuando soy señalado por su distinguida persona como ciudadano de vergüenza, egoísta y corruptor de esta sociedad, me es imposible no reflexionar en que lo que yo hago con mi pareja mayor de edad, en la intimidad de mi hogar, es una acto libre y voluntario, que no lesiona el patrimonio público ni los bienes jurídicos tutelados de terceros.
En cambio usted, señor diputado, tiene un enredo por firmas falsas, ha usado espacios públicos para beneficio de sus empresas personales e intentó robarle al tesoro público que, según nuestro ordenamiento, patrocina la democracia, sí, yo sé, no lo logró pero no fue porque se arrepintiera sino porque lo pescaron antes.
Reitero. Sin entrar en una discusión técnica sobre falsedad ideológica y estafa, puedo ir a la norma base de la convivencia humana, los Diez Mandamientos, los cuales de manera expresa dicen 'no robarás' y aunque usted pueda salir muy bien librado de lo jurídico, en este pecaminoso mundo, sabe bien que el juicio de Dios es moral y, será cuestión de tiempo, para que ese mismo Tribunal Eterno -que practicamente le adelantó criterio a usted de que ya estoy condenado- lo haga pagar por la intención de sus acciones.
Como ven señores diputados, al menos tres personas de este recinto parlamentario vamos para el infierno. Somos la representación de la sociedad y también deben tener voz los ciudadanos que arderán en las flamas de satanás. Al menos este trío olerá a azufre por la eternidad.
He tomado mis decisiones morales, personales y relativas a mi mundo interno, asumiendo mi consecuencia, pero no puedo guardar silencio antes los señores que, proclamándose libres de pecado, tienen las manos llenas de piedras y no se cansan de ejercitar su puntería en mi dignidad, como si yo no fuera persona.
Señores diputados, cuestionada la distancia con la santidad que dicen vivir, con todo respeto les solicito que recapaciten porque ustedes no van a ser fiscales en el juicio final, van a estar conmigo en el banquillo de los acusados porque los tres somos imputados. Ya están notificados.
Muchas gracias señor presidente".


